No podemos darnos el lujo de llegar a enero y seguir en el mismo tren. Eso sería fatal. Profundizar las dos visiones de país puede terminar por desmitificar aquello de unidos en la diversidad, y ahí cualquier cosa puede suceder. Es importante, por ello, generar gobernabilidad y que ella nazca del voto ciudadano en términos de consolidar democracia, de reconstruir institucionalidad y, por sobre todo, de componer Estado
Como van las cosas, quien vaya a ser Presidente de la República no será capaz de garantizar un mínimo de gobernabilidad que le permita, con optimismo, aseverar que cumplirá el próximo periodo constitucional sin sobresaltos.
Nada nos indica que habrá un claro ganador y sí, más bien, que se consolidará un empate técnico en el primer puesto. Ese panorama ciertamente que no es halagüeño. En momentos en que la economía mundial se presta óptima para que el país alcance niveles de crecimiento no pensados hace un par de años, el clima social y político no acompaña tan particular coyuntura que tornará el panorama más complejo cuando después de las elecciones se comience a tratar y en serio, el proceso pre-constituyente y el referéndum autonómico.
Quien vaya a ser presidente, sin un parlamento sólidamente consolidado y sin una legitimidad emergente de un resultado eleccionario que dé la señal de un claro mandato del soberano, estará preso de la coyuntura, de los problemas de la Nación que serán agobiantes, y de una natural debilidad que hará consuetudinaria la flaqueza gubernamental.
Por eso apuestan Evo Morales y Jorge Quiroga a la mitad más uno y en menor medida, Samuel Doria Medina que pareciera haber asumido un tercer puesto que a mi juicio es exitoso si miramos la reciente formación de UN.
Esa mitad más uno a la que confieso ser totalmente escéptico, es la llave capaz de abrir el cofre donde nuestros problemas podrían encontrar un punto de solución. Sin embargo, parece irrefutable el hecho que ninguno de los candidatos esté en posibilidades de alcanzar un pleno de gobernabilidad y ante ello, me resisto a pensar que el 2006 afrontaremos la constituyente y el referéndum autonómico con un gobierno débil, acorralado por demandas y consignas hábilmente manejadas en las calles y por una lacerante movilización y bloqueo de caminos que seguramente se vendrán, si Dn. Evo Morales no es Presidente.
Este es nuestro drama y un escollo que estamos obligados a vencer.
El único mecanismo susceptible de garantizar que Bolivia se beneficiará de las ventajas que la economía mundial promete y la posibilidad de luchar frontalmente contra los problemas que nos aquejan sin demagogia y con realismo, pasa por gobernabilidad, por un gobierno con fuerte respaldo en las urnas capaz, por un lado, de neutralizar a los movimientos extremistas que el Sr. Garcia Linera ha reconocido forman parte del MAS y, por otro, por respaldo parlamentario que asegure en el marco de la independencia y coordinación de poderes, un gobierno estable.
No podemos darnos el lujo de llegar a enero y seguir en el mismo tren. Eso sería fatal. Profundizar las dos visiones de país puede terminar por desmitificar aquello de unidos en la diversidad, y ahí cualquier cosa puede suceder. Es importante, por ello, generar gobernabilidad y que ella nazca del voto ciudadano en términos de consolidar democracia, de reconstruir institucionalidad y, por sobre todo, de componer Estado.
Quien vaya a ser Presidente necesita cuando menos una diferencia de ocho a diez puntos en el resultado final, ventaja imprescindible para que podamos aseverar que el próximo gobierno será gobierno y no proyecto de algo que pudo ser.
Si no se diera esa diferencia y por ejemplo Evo Morales fuera Presidente, lo será con una fuerte oposición parlamentaria y con la incertidumbre respecto a la conducta de sus bases si no cumple todo lo que está prometiendo y la incógnita del mundo exterior si efectivamente cumple todo lo que anota en sus intervenciones públicas.
Si Jorge Quiroga fuera Presidente, y lo remarco, sin esa diferencia que es trascendental, la oposición del MAS será durísima, y pesará más que el sentimiento de Patria, el sabor de la derrota y derrotados, el partido de Evo Morales será incapaz de aceptar que una mayoría, así sea por un voto, no condice con el tipo de estado que plantean. Las cinco organizaciones capaces de movilizarse callejeramente que son parte del MAS, serán el puntal en una lucha fraticida por tomar la constituyente y por desestabilizar la nación, en la lógica de que perdieron una oportunidad de oro para hacerse del poder.
Existen pruebas que son de dominio público que avalan ese comportamiento, por lo tanto, la cuestión pasa por ser ganador y con buen margen, o por continuar en la misma espiral que nos ha llevado a este clima de situación, sin norte y futuro cierto para Bolivia.