Revisada la intención inicial del gobierno de Chile de acudir a la Organización de Estados Americanos para la dilucidación del diferendo limítrofe en la costa del Pacífico generado por el Congreso del Perú, el caso será tratado bilateralmente y quizá sin que el sorpresivo arribo de Alberto Fujimori a Santiago deje de tener incidencia en ese plano, dado el inminente reclamo de extradición que se prepara en Lima y el hecho de que las autoridades chilenas tienen al ex mandatario en sus manos.
En este contexto, la intervención de Bolivia parece no sólo necesaria sino conveniente, máxime si desde el país que cree afectados sus derechos empieza a hablarse de concederle una salida al mar, lo que introduciría una suerte de tercería excluyente en el conflicto, si es que el Perú acepta lo que las dos naciones le han negado desde la conclusión de la guerra y --con mayor obcecación todavía-- a partir del tratado que suscribieran en 1929.
La visita oficial del Canciller peruano a la ciudad de La Paz hoy, puede ser propicia para el inicio de una acción diplomática boliviana y no limitarse a la recepción de un informe unilateral acerca del problema en el vecindario, menos aun de una probable invitación a observar la neutralidad cuando no sólo la coyuntura, sino el que el tratado de 1904 hubiese omitido incluir a la plataforma marítima, le son favorables para un debate tripartito, si es que no en el seno del propio organismo interamericano.