Vivimos de paradojas, dudas y contradicciones y algunas esperanzas. Me refiero a los buenos vientos que en este momento parecen soplar en las relaciones boliviano-chilenas. Los Presidentes Evo Morales y Michelle Bachelet se entrevistaron en la XVI Cumbre Iberoamericana celebrada la semana pasada en Montevideo. Evo dijo haber tratado 13 puntos sobre cuestiones de interés recíproco. ¡Tan vecinos pero tan distantes! (Otra paradoja) Pues resulta que, entre otros temas, Don Evo programó con Doña Michelle la negociación marítima vinculada con la cuestión energética, lo que, traducido al sentido llano podría entenderse como la inoportuna disyuntiva de "gas por mar".
Porque si Bolivia provee de energéticos a Chile, sea directamente con hidrocarburos, más una planta de licuefacción o generadora termoeléctrica, en territorio boliviano, podría suponerse que Chile corresponderá de alguna manera con agua salobre "a mares", playas soleadas, sabrosos peces y mariscos, libre navegación interoceánica, etc. ¡Ojalá! La otra paradoja del caso es que el mismo Evo que hoy dice negociar tan apetitoso menú, cuando en el 2003 derrocó, con sangre y todo, a Sánchez de Lozada, con el pretexto de que evitar que Chile aprovechara el gas boliviano si no era a cambio de mar, ahora habla distinto.
Es más, el hipotético suministro de gas boliviano a Chile está vinculado a la reintegración marítima, según la votación mayoritaria de los bolivianos en el referéndum del 2004. Sin mar no hay gas. No parece pues fácilmente comprensible este cambio de 180 grados que, además sería contradictorio a la voluntad popular manifestada en el discutible referéndum. Pero, a fin de cuentas la ley está hecha para el hombre y no el hombre para la ley, dirá cualquier jurisconsulto a la violeta. Tanto más cuanto que la política tiene un alto grado de oportunismo cambiante según soplen los vientos. A las conversaciones presidenciales de los mandatarios, boliviano y chilena, se agrega la visita a La Paz del jefe del ejército vecino. El sector más duro en la secular cuestión marítima. Convengamos pues en que, si la diplomacia utiliza en gran escala la más sofisticada y compleja simbología, he aquí un signo más de que las cosas pueden mejorar.
Con las reservas del caso, la conclusión a la que uno llega es que, sea como fuere, las relaciones entre Bolivia y Chile van por buen camino, aunque ignoro si llegarán al final del enclaustramiento marítimo o más bien avanzarán en muchos aspectos provechosos para todos, pero podrían detenerse con sólo aspirar el olor salitre del océano. Aún así, hay que dar tiempo al tiempo. En efecto, en insolubles conflictos internacionales hemos visto verdaderos milagros. Uno de ellos ha sido la Unión Europea lograda después de siglos de carnicerías humanas en todo el viejo continente. El propio Evo Morales requirió a los Jefes de Estado y de Gobierno reunidos en Montevideo que "acompañaran" el diálogo entre los dos países en conflicto. Lo que no encontré en ningún tratado de Derecho Internacional fue la referencia a la "diplomacia de los pueblos". ¿Es distinta a la de los Estrados, de las Naciones, de las Cancillerías? ¿O es parte de la nueva terminología cósmica del régimen político?