Definir a las personas verticalmente es fácil. La diferenciación es interminable y depende desde qué ángulo las deseamos observar. Podemos dividirlas entre ricas y pobres; instruidas e ignorantes; lindas y feas; brutas e inteligentes; activas y sedentarias; introvertidas y extrovertidas y, la lista continúa. Pero definirlas horizontalmente es más difícil. Los científicos coincidieron en que la condición psicofísica hace también al temperamento y encontraron características notables y sencillas de discernir.
La mejor clasificación la hizo William Sheldon, que dedicó su vida al estudio del rango de asociación de los distintos tipos somáticos, sus características temperamentales y personalidad. El ser humano según él, es una mezcla en proporciones variables de tres componentes físicos y tres componentes psicológicos estrechamente relacionados. La intensidad de cada uno puede medirse según procedimientos empíricos. A los tres ingredientes les da el nombre de endomorfía, mesomorfía y ectomorfía. El individuo endomorfo es predominantemente blando y redondeado y puede fácilmente llegar a ser muy gordo. El mesomorfo acentuado es duro, huesudo y musculoso. El ectomorfo es delgado tiene huesos flexibles y músculos blandos, no aparentes.
Con la constitución endomórfica está estrechamente ligada una trama temperamental que Sheldon llama viscerotonía. Sus rasgos significativos son la afición a comer y característicamente a comer en compañía. La propensión a las comodidades y los lujos. El gusto por las ceremonias. Una amabilidad que no distingue. Inclinación por la gente. Temor a la soledad. Inhibida expresión de las emociones. Anhelo de afectos y apoyo social.
Al temperamento relacionado con la mesomorfía lo llama somatotonía. Sus rasgos dominantes son amor a la actividad muscular, agresividad y avidez de poder. Indiferencia al dolor ajeno. Insensibilidad respecto a los sentimientos de los demás. Propensión a la lucha y la competencia. Elevado grado de bravura física.
La ectomorfía está relacionada con el temperamento cerebrotónico. El cerebrotónico extremo, es el superatento, supersensible, introvertido, más preocupado por lo que ocurre detrás de sus ojos que por el mundo externo al cual los viscerotónicos y somatotónicos prestan su principal atención y homenaje. No sienten o sienten poco deseo de dominar, tampoco tienen el indistinto afecto a la gente como tal. Al contrario, quieren vivir y dejar vivir y no les incomoda la soledad. Su hipersensibilidad los vuelve muy sexuales.
Los grupos humanos al igual que los individuos poseen estas mismas características en distintos grados y se manifiestan acorde. Los soldados son somatotónicos y los ejércitos se nutren con ellos. Las sociedades primigenias en general son guerreras y pertenecen a este grupo. Aldous Huxley llevó estas divergencias al plano espiritual y su relación con Dios y podemos observar a los musulmanes que son somatotónicos, los cristianos y judíos viscerotónicos y, los budistas e hinduistas cerebrotónicos. (Los cristianos fueron somatotónicos hasta hace pocos siglos).
Las marcadas diferencias entre estas formas de comportamiento ayudan a entender a los pueblos. No se puede lidiar cerebralmente con individuos que en su naturaleza esencial son somatotónicos y la única ley que entienden es la de la fuerza. Los occidentales siendo viscerotónicos afectos al confort y buen vivir, no comprenden a sus actuales enemigos musulmanes y buscan la concertación civilizadamente. Los cerebrotónicos ven a ambos grupos desde un nivel superior, preocupados fundamentalmente por su propia elevación espiritual y el bienestar de la humanidad a través del dominio de la razón y el respeto al prójimo, en un individualismo constructivo.
Las religiones organizadas suponen ser un vehículo para acercarse a Dios, pero la atención a las iglesias y sinagogas se ha convertido más en un evento social que espiritual y las mezquitas se han vuelto en cuarteles de adoctrinamiento terrorista. Para lidiar con individuos y sociedades somatotónicas y no ser vencidos, no existe otra alternativa que obrar como ellos. Es imperativo bajar a su nivel y derrotarlos con sus mismos métodos en vez de esperar lo imposible: que evolucionen a través de la razón y la tolerancia, en un proceso milenario.
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