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Cochabamba - Bolivia Martes, 9 de enero de 2007

La escasez de jet fuel -
Se reinicia la Asamblea -PAULOVICH
Álbum familiar -CECILIA LANZA LOBO
Prefectura -ORLANDO MERCADO CAMACHO
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Los movimientos sociales, a la hora de la evaluación -OMAR GUZMAN BOUTIER
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Golpe a la institucionalidad
PIPOCAS

Los movimientos sociales, a la hora de la evaluación

Por: OMAR GUZMAN BOUTIER
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Partimos del supuesto que el actual gobierno, aunque mantiene ciertos grados de vinculación con las organizaciones sociales, no es expresivo de éstas y al contrario, constituye una suerte de gobierno intermedio entre los movimientos sociales y la vieja "clase" política. Para ello, dividiremos la actual coyuntura en tres subfases. La primera, comprendida desde la convocatoria a elecciones generales, en el 2005; la segunda, desde las elecciones generales hasta la convocatoria a la Asamblea Constituyente y la tercera desde aquél entonces hasta fines del año 2006. Desde el punto de vista de las organizaciones sociales, estas tres sub-fases de la actual coyuntura, marcan también diferencias.

Así, por ejemplo, puede decirse que en la primera fase, el carácter insubordinado de las organizaciones sociales, respecto al Estado y el diseño de una política en términos más o menos autónomos, marcan la tónica. En efecto, tanto las movilizaciones de mayo-junio como la alternativa de solución que dieron aquellas organizaciones (precisamente la convocatoria a elecciones nacionales), nos hablan de un movimiento nacional-popular, orientado por sus propias organizaciones, antes que por un partido político (puntualmente el MAS, para este caso). Desde ya, los portavoces de las clases medias --atrincherados en las ONG´s y muchos de los cuales devinieron en Ministros o Vice-ministros-- estaban lejos de apoyar tal solución. En criterio de ellos, aquella medida vulneraba incuestionablemente el ordenamiento constitucional y posibilitaba que la movilización favoreciera a los partidos tradicionales desplazados del gobierno. El tiempo se encargó de demostrar la desubicación de las ONG´s, aunque ello no impidió que sus personeros, en una práctica oportunista y servil para con los nuevos gobernantes, típica de las clases medias, treparan al carro del nuevo gobierno.

En este sentido, el impulso inicial de los movimientos sociales durante esta fase se trocó en una suerte de empate, en relación a las clases medias, sus portavoces y en definitiva representantes de la vieja casta señorial. Este empate político, sin embargo no se ha reflejado en la composición del entonces nuevo gobierno, debido a que el Presidente optara por componer su equipo ministerial en base a las mismas prácticas de los partidos tradicionales: el cuoteo del gabinete y la inclusión de personajes contrarios al pensamiento indígena, mayoritario en las organizaciones sociales movilizadas. Gracias a ello, pues, la casta señorial pudo obstaculizar la pretensión de los movimientos sociales, que buscaban precisamente institucionalizar sus propuestas, por intermedio de la Asamblea Constituyente. El enorme favor prestado por el Vice-presidente a la oligarquía y a las minorías electorales, por medio de la Ley de convocatoria a la Asamblea Constituyente representa apenas uno de los puntos altos, en estos esfuerzos reaccionarios.

Paralelamente a todo ello, desde los más altos sitiales del Ejecutivo, fueron desarrolladas políticas tendientes a subordinar a las organizaciones sociales al nuevo equipo gobernante. Así, prácticamente fueron destruidos los mecanismos que posibilitaban en ellas un cierto grado de autonomía con respecto a la dirección nacional del MAS. Fue destruido en los hechos el Pacto de Unidad, debido a que en las principales organizaciones sociales componentes del mismo, el gobierno aprovechó la realización de sus Congresos ordinarios, para cambiar la dirigencia y en su lugar colocar personas bastante sumisas al nuevo gobierno. Por si esto no fuera suficiente, incluso se pretendió dar vida a un fantasma denominado "Estado Mayor del Pueblo". En tales condiciones, pues, la correlación social de fuerzas en el país, inicialmente favorable a las organizaciones sociales devino en un cuadro de confusión.

Ello dio lugar a que en el último subperiodo de esta coyuntura, al interior de las organizaciones surjan críticas a esta conducción por un lado y por otro --debido al alto grado de acumulación histórica en el seno de las masas-- se retomen las propuestas que en un principio habían sido enarboladas para la refundación del país, vía Asamblea Constituyente. Queda claro, entonces, que desde el punto de vista del movimiento social, este gobierno es un punto intermedio en lo que pretendemos. Desde ya, un alto dirigente campesino y hoy constituyente, insiste con certeza en señalar que "los movimientos sociales no son de Evo, sino que Evo es de los movimientos sociales", remarcando con ello no solamente el carácter maduro de estos movimientos, sino el carácter mismo del actual proceso social boliviano. Se trata de un proceso que, a diferencia de Cuba o Venezuela, no surge del activismo de un puñado de hombres, sino de la movilización masiva de las bases. Ello, por cierto, responde a las características de esta sociedad, educadas en la escuela de la multitud de los Katari y Willka.

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