La ciudad de Sucre surge en el horizonte como el espacio más equilibrado e idóneo para generar consensos necesarios, siempre bajo la tutela bienhechora de los Libertadores y de todos aquellos primeros bolivianos que, desde la Capital de la República, apostaron por la viabilidad de nuestra nación y edificaron sus cimientos.
Desde el próximo día 6 de Agosto y por el lapso de un año, la ciudad de Sucre, Capital de la República de Bolivia, se convertirá no sólo en el foco de la atención nacional e internacional sino, sobre todo, en el centro de decisiones de la más alta trascendencia para el presente y el futuro del país.
En efecto, la Asamblea Constituyente tendrá bajo su responsabilidad el desafío histórico de señalar la suerte y el destino que le toquen correr a nuestra Patria, pues es ahí donde se deliberará y redactará el contenido de un nuevo texto constitucional sobre el cual deberá descansar todo el andamiaje jurídico, legal e institucional de nuestro país.
Abrir los candados de una Constitución Política para exponerla a una reforma total supone no otra cosa más que rehacer y replantear todos los criterios conceptuales, estructurales y organizativos del Estado Nacional.
No podía ser más oportuna y correcta, pues, la decisión de encarar tamaña misión precisamente en la ciudad de Sucre por muchas razones, desde históricas hasta aquellas que tienen que ver con el particularmente delicado momento histórico que nos hallamos atravesando.
Debemos tener en cuenta, en primer lugar, que Sucre fue la sede de la entidad colonial sobre cuya jurisdicción territorial se delimitaron luego, en gran medida, las fronteras de la República: La Real Audiencia de Charcas, que por tanto constituye el más antiguo referente de nuestra unidad nacional.
Luego, fue la cuna del movimiento independentista no solamente del Alto Perú, sino de toda América del Sur, a partir del primer grito de libertad del 25 de Mayo de 1809. Y, una vez culminada la Guerra de la Independencia, fue en Sucre donde se reunió la Asamblea que decidió la creación de la República, un 6 de Agosto de 1825, siendo a los pocos años confirmada como Capital del país.
Además de esas elementales consideraciones históricas, no está demás señalar que en la hora presente, cuando las diferencias entre el Occidente y el Oriente del país, y entre los pueblos originarios y la cultura urbana mestiza, parecieran acrecentarse hasta el extremo de poner en riesgo la propia integridad de Bolivia, hubiera absolutamente desaconsejable reunir a la Asamblea Constituyente en cualquiera de los polos geográficos de conflicto.
En consecuencia, Sucre surge en el horizonte como el espacio más equilibrado e idóneo para generar consensos necesarios, siempre bajo la tutela bienhechora de los Libertadores y de todos aquellos primeros bolivianos que, desde la Capital de la República, apostaron por la viabilidad de la Patria y edificaron sus cimientos.
Si los miembros electos de la Asamblea Constituyente, que deliberarán precisamente en el lugar donde se fundó la República de Bolivia, no asumen sus funciones como hijos de una misma Patria, correríamos el serio riesgo de ignorar nuestro pasado común en nombre de algunas preocupaciones regionales, sectoriales y coyunturales que podrían ser muy bien canalizadas si respondieran a un único proyecto de país.