Como es natural, la llegada de la efeméride cívica de mi Departamento es motivo inexcusable para escribir sobre él. Cuando hacía mis primeras armas en el periodismo -hace más o menos 18 años-, tenía material de sobra para ello: la historia de Potosí, el Cerro Rico, su contribución a la estructuración del Estado, etc., etc., etc.… pero, con el paso del tiempo, los temas parecían agotarse.
Por ello, a medida que llegaba el 10 de Noviembre mi preocupación crecía. "¿Sobre qué escribiré esta vez?", "¿qué hago para no repetirme?", decía pero las respuestas siempre llegaban solas porque los temas se me presentaban ante los ojos esperando simplemente que los lleve al papel.
Lo mismo pasó este año pues el tema saltó ante mí cuando recibí un ejemplar de la encuesta nacional "Diversidad cultural hoy" encargada por la Fundación UNIR.
Esta encuesta posee muchos datos valiosos -algunos me permitieron escribir la columna de la semana pasada- pero reservé los destinados a Potosí para esta semana debido precisamente a que coincidía con el advenimiento de un nuevo 10 de Noviembre.
Los resultados de la encuesta revelan que los bolivianos somos extremadamente racistas, tanto que llegamos al 5.14 en una escala del 1 al 7. Más aún, el 33.3 por ciento de los encuestados en las diez principales ciudades del país respondió que el color de la piel es el principal factor de discriminación.
Esos datos ya son suficientemente conocidos, por cuanto fueron divulgados por la mayoría de la prensa del país, pero otros se quedaron en el tintero o simplemente fueron ignorados por los periodistas.
La encuesta mostró la percepción del racismo en las diez ciudades más importantes de Bolivia y un hecho revelador es que el 77.2 por ciento de los consultados en Potosí señalaron que ese es un hecho cotidiano; es decir, que lo vieron o sufrieron alguna vez. En La Paz los indicadores llegan al 76.4 por ciento, en El Alto al 73.5 y en Trinidad a 72.5 mientras que las demás ciudades están por debajo.
Ahora bien, en el otro extremo está la percepción del racismo en los lugares involucrados en la encuesta; o sea, ¿en qué ciudades habrá más racismo? Las respuestas ponen en primer lugar a Santa Cruz, con el 73.5 por ciento, seguido de La Paz, con el 23.1, y Cochabamba, donde llega al 5.1 por ciento. Lo interesante es que Potosí ocupa el último lugar de esta lista con apenas el 0.7 por ciento.
En otras palabras, Potosí es la ciudad más castigada por el racismo porque sus habitantes la sintieron de alguna forma, sea como víctima o testigo, pero, en lugar de devolver ofensas con odio, esta región pone la otra mejilla y es la que menos discrimina… ¡admirable!
La prodigalidad potosina no es nueva. Recuérdese que fue esta región la que contribuyó al país desde los inicios mismos de nuestra historia, cuando el territorio que hoy es Bolivia todavía era una colonia de España.
La plata del Cerro Rico fue el sostén de la economía de casi toda Europa y, ya en los inicios de la República, sirvió para pagar los sueldos de los funcionarios del nuevo país, incluidos los de la Prefectura de Santa Cruz. ¿Qué recibió a cambio?... ¡nada!
Tal vez usted crea que los potosinos somos tontos, que dejamos que se aprovechen de nosotros y por eso no nos beneficiamos de nuestra riqueza, pero la verdad es que nunca tuvimos los instrumentos para hacerlo. Ahora, por ejemplo, por obra y gracia del Código de Minería, la exportación de minerales beneficia más al TGN que a Potosí.
Por ello, esta sigue siendo una región pobre de gente trabajadora que es mirada con desdén y, pese a eso, retribuye con cariño. ¡Qué orgulloso me siento de haber nacido en ella!