Un circuito saludable para la economía nacional será el conformado por la inversión, el acopio de réditos y el control del gasto público.
Coincidentemente, el Director del Banco Mundial para la región andina y el nuevo Embajador de los Estados Unidos han resaltado la importancia de la inversión en Bolivia para disminuir la pobreza que aqueja a su población y despegar al desarrollo.
Poco antes, la Secretaria de Estado de la potencia del norte se había referido al mismo tema cuando fue consultada a propósito del decreto de nacionalización de los hidrocarburos, medida que calificó de desafortunada para los intereses del país.
En este contexto, el alto funcionario de la entidad de financiamiento aconsejó que Bolivia hiciera "las paces" con el sector privado, afirmando que no habrá trabajo sin inversión.
Por su parte, el diplomático expresó su preocupación por la eventualidad de que la disposición antes mencionada afectase al capital estadounidense invertido en territorio nacional, principalmente en la industria minera y no así en la petrolífera, donde su participación es menor respecto de otros países.
Se trata, en el primer caso, de una verdad de Perogrullo, según la experiencia generalizada en el planeta, acerca de lo imprescindible que resulta la inversión de dinero para la creación de fuentes de ocupación y riqueza, finalmente, en beneficio de la población en general, al punto que estados de corte socialista o comunista, han acabado por abrirse a los capitales privados, cualquiera fuese su origen, destacándose entre ellos la China popular y su mercado gigantesco.
Las apreciaciones de la Secretaria de Estado y el representante de la Casa Blanca en la sede de gobierno, en cambio, tienen que ver con una justificada inquietud de cara a una decisión de la actual administración boliviana cuyas consecuencias son todavía imprevisibles, más allá de la anunciada mejora paulatina de los ingresos que el Tesoro General percibirá por la explotación de los energéticos y de la hasta ahora indefinida política relativa a los mineralógicos.
Justificada, decimos, por cuanto la norma del primero de mayo del año en curso ha provocado dudas en el mundo de la movilización de las inversiones, aparte de haberlas paralizado precisamente en el rubro petrolífero, situación que podría prolongarse hasta la promulgación de la Constitución Política del Estado encomendada a la Asamblea Constituyente que acaba de cumplir tres meses de labor sin siquiera haber aprobado su reglamento interno. Tan es así que en lo que va de la gestión, la inversión extranjera directa en Bolivia no suma más de 100 millones de dólares, frente a niveles de hasta 800 a principios de la década.
Ahora bien, otro elemento aportado por el Director del Banco Mundial ha sido su sugestión para que exista una permanente rendición de cuentas sobre el uso que se dará a los rendimientos monetarios del gas, con lo que se cerraría un circuito saludable para la economía nacional; es decir, inversión, acopio de réditos y control del gasto público, de forma tal que éste siempre sea adecuado y escrupuloso.