El pormenorizado informe del director del Complejo Hospitalario local sobre el estado de sus equipos, es un timbre de alarma para las autoridades sanitarias de la región y el país, en vista de que la obsolescencia de dicho material podría derivar en el colapso de tres importantes unidades como son la maternidad Germán Urquidi, el Gastroenterológico Boliviano-Japonés y el Clínico Viedma, a despecho de la versión de que móviles políticos hubiesen inspirado la difusión de una situación que por sus caracteres críticos, tuvo amplia repercusión en los medios de la ciudad de Cochabamba.
Nada justifica, ciertamente, que esa infraestructura técnica adolezca de tanta deficiencia en perjuicio de los servicios que sobre todo alcanzan a la población más desvalida; menos todavía si provoca simple lamento de determinada y circunstancial administración.
En la emergencia, toca al conjunto de las autoridades observar el problema con amplitud de miras y buscarle la solución más óptima y oportuna.
Nuestra capital ha tendido a convertirse los últimos años en centro sanitario de alcance nacional, gracias a iniciativas privadas que sin embargo no suelen estar a la mano de los más pobres, de donde es al Estado a quien le corresponde dotar de las garantías en materia de salud pública.
En este sentido, cabe esperar que se tome en serio lo trascendido entre el pasado martes y la víspera y no a la ligera o queriendo eludir responsabilidades.