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Acotaciones a un silogismo
| | Los gestos del poder público tendrán un costo que ha empezado a manifestarse en voces de rechazo provenientes tanto del interior de la República, cuento del seno de la vejada colectividad cochabambina.
A poco de los hechos de violencia registrados el día lunes en esta ciudad, el gobierno del presidente Evo Morales uniformó su discurso sobre la base del siguiente silogismo: que el responsable fue el Prefecto del Departamento por ser partidario de las autonomías y los dos tercios para la aprobación de una nueva Constitución; que la Policía obró con exceso en contra del pueblo, y que la solución al conflicto radicaba en el diálogo y la concertación entre las partes --el propio Prefecto y sus adversarios cocaleros masistas, campesinos afines y miembros de la Central Obrera Departamental--.
Más todavía, las fuentes oficiales que se refirieron al caso, coincidieron en justificar la destitución del Comandante policial por parte de Ministra de Gobierno, aunque a los postres la medida quedara en suspenso hasta que se efectúe una investigación de lo ocurrido.
En este sentido, la posición de la autoridad cuestionada fue inclusive tildada de provocación política, aparte de relacionársela con un supuesto afán separatista y divisionista del oriente y el sur del país, haciendo uso de una muletilla desgastada y sin reparar en que en la capital ganó el sí con ocasión del referéndum sobre la autonomía, sentimiento que a estas alturas debe haberse incrementado gracias, precisamente, a la engañosa prédica oficial y a acciones como las de sus bases en la plaza 14 de Septiembre, seguidas, para peor, del loqueo de carreteras. Nada se dijo, en cambio, respecto del parecer del Prefecto a propósito de la modalidad de votación en la Asamblea Constituyente, que comparte con un grueso segmento de la sociedad civil no sólo de Cochabamba, sino de otros distritos, como quedó demostrado en sendos cabildos realizados en Santa Cruz de la Sierra, Trinidad, Tarija y Cobija. Mal se podría, pues, atribuirle culpabilidad o actitud desafiante por expresar sus ideas, y si se tratara de hacerlo, habría que incluir en tal visión a los ciudadanos e instituciones que piensan como él en el resto del territorio nacional.
La Policía, entretanto, no hizo más que responder a la agresividad de las huestes masistas con el empleo de la fuerza, circunstancia que en efecto y sensiblemente generó el enfrentamiento y derivaciones de conocimiento público, sin que empero sea admisible que se le quiera restringir sus facultades legales o tornarla permisiva con algún sector de la población.
Finalmente, pretender que las diferencias se resuelvan en el ámbito estrictamente local entre las partes enfrentadas, es rehuir a una elemental responsabilidad gubernamental, cuando no develar sin disimulo la connivencia con una de ellas y esperar que el arreglo venga por la vía del desastre.
Planteadas así las cosas, el ensimismamiento, el radicalismo o como quiera llamarse a los gestos del poder público actual, excepción hecha de la consideración de error político que resultaría inconcebible, tendrán un costo para sus protagonistas que ha empezado a manifestarse ya en voces de rechazo provenientes tanto del interior de la República, cuanto del seno de la vejada colectividad cochabambina.
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