Son muchas las mujeres cochabambinas que llevan sobre sus hombros la difícil tarea de cumplir varios roles en la sociedad, ser esposa, madre, profesional. La mujer ha logrado conquistar diferentes espacios, antes reservados sólo para los hombres, como el administrar una institución.
La Corte Superior de Justicia desde mayo de 2002 cuenta con la labor de una destacada mujer, María del Carmen Ponce de Rocha, Decana de Sala Plena, quien ejerce la presidencia de la Corte, hasta marzo de 2005, cuando de manera oficial es elegida como Presidenta titular, siendo la primera mujer que desempeña este cargo de tan alta investidura.
María del Carmen Ponce de Rocha, nació en Cochabamba un 26 de mayo de 1945 y recibió su título de abogada el 10 de octubre de 1972, desde esa fecha y por 35 años de manera ininterrumpida ha trabajado en el Poder Judicial como Auxiliar, Actuaria, Juez de Instrucción de Provincia, Juez de Instrucción de la Capital, Juez de Partido de Capital, Vocal de Corte por dos periodos, Presidenta de Sala Civil, Decana de Sala Plena y Presidenta de la Corte Superior de Justicia.
Ponce a la fecha tiene la alta responsabilidad de dirigir la tarea jurisdiccional del Distrito en una época con altos índices de inseguridad ciudadana, falta de empleo, disgregación familiar que derivan en un crecimiento vertiginoso de casos de violación a la Ley.
A esto se suma la falta de operadores de justicia que se han visto disminuidos en comparación al elevado número de habitantes con los que ahora cuenta el departamento.
Labor ingrata e incomprendida
Según Ponce, el juez o magistrado jamás podrá contar con la gratitud ni el reconocimiento de las partes en juicio, de sus abogados, ni de los gobiernos de turno, la razón es muy fácil de captar: los litigantes que pierden un juicio no comprenden que la Ley ampara sólo a una de las partes, los abogados de la parte perdedora, en vez de reconocer la ley van contra el juez y lo califican de injusto o arbitrario; los gobernantes que no logran los frutos de su influencia a favor de sus intereses, o los de sus protegidos difaman o castigan a los jueces que no pueden doblegar.
En cambio, compara Ponce, un profesor siempre contará con el agradecimiento permanente del alumno; el ingeniero será gratamente recordado por las obras que realiza; el médico recibirá las bendiciones del enfermo; el artista será admirado por su arte. Hay profesiones y labores que merecen sentimientos de gratitud, desprendimiento o comprensión del hombre.
Pero "He ahí la enorme importancia del Juez o Magistrado y su responsabilidad; no sólo administrar justicia, sino la de administrarla del modo más perfecto posible; es decir que él o ella debe obrar con la más absoluta independencia de criterio de influencia política, social, familiar y económica".
En este mundo el trabajo de la mujer es todavía mucho más sacrificado puesto que no sólo debe cumplir con probidad su labor de juez sino que también tiene la responsabilidad de educar a sus hijos y de llevar adelante su hogar. Un triple esfuerzo que no siempre es comprendido por la sociedad.
Transredes apoya la campaña para destacar a mujeres valiosas.