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La violencia y el miedo tienen acorralado al fútbol argentino

Por:Enrique Escande
12-02-2007 - 14:53 h.
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Buenos Aires | EFE

El gobierno argentino analiza la posibilidad de clausurar el estadio "Monumental" de River Plate, en Buenos Aires, donde el domingo corrió sangre y hubo terror por una gresca entre "capos" de la hinchada.

La violencia y el miedo avisaron en la jornada inaugural del torneo Clausura 2007 de fútbol que hasta ahora son quistes no extirpables en el deporte más popular de este país, acorralado por "hinchas profesionales" que han alcanzado tanta fama como impunidad.

El resultado de una gresca con varios heridos por armas blancas y uno con un balazo en una pierna en el ese estadio hizo despertar a los ilusos que creyeron que este problema puede arreglarse lejos de la justicia, sólo con advertencias.

Dos grupos antagónicos se enzarzaron en una pelea dramática en medio de familias con numerosos niños que almorzaban en el club, horas antes del partido entre el equipo local y Lanús.

Varias fuentes coincidieron en que el motivo del choque fue el destino de una cantidad de dinero que alguno o algunos recibieron por tareas afines a su condición de bravucones. No hubo detenidos y el club avisó que iniciaría una investigación.

De inmediato surgieron voces que condenaron a los dirigentes, acusados de ser cómplices de los grupos violentos, integrados por socios y empleados del club. Y a la policía, que revisa a todo aquel que entra al club el día en que se juega un partido oficial y no detectó que por los controles pasaron alegremente pistolas y cuchillos.

"Esto no va a quedar así: las armas esquivaron el control policial y por eso el "Monumental" puede ser clausurado", dijo hoy el ex árbitro Javier Castrilli, subsecretario de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos.

La prensa coincide hoy en que los "jefes" de los grupos violentos de River son Alan Schenkler y Adrián Rousseau, principales protagonistas de la pelea del domingo, y añade que hasta ahora han sido protegidos por los dirigentes y que cuentan con contactos políticos.

La situación es grave no sólo en River Plate, sino también en Boca Juniors, club en el que el "jefe" de la "barra brava", Rafael Di Zeo, que tiene cuentas pendientes con la justicia, es tan famoso como cualquiera de los jugadores de la plantilla.

Los hinchas violentos boquenses exigieron a los dirigentes del club que el partido extra por el título de campeón del Apertura 2006, que se disputó el diciembre pasado, tuviera lugar en el estadio del Vélez Sarsfield y no en el de Racing, al que no podían entrar.

El estadio de Racing está situado en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, distrito en el que el Comité de Seguridad en espectáculos deportivos no permite entrar a los hinchas violentos.

El de Vélez Sarsfield está en la capital federal, donde se podría apelar al derecho de admisión si el club organizador del encuentro lo solicita a las autoridades.

Pero al cambiar de estadio también fue cambiada la condición de local, con lo cual Boca Juniors pasó a ser el organizador y responsable del encuentro y la "barra brava" pudo entrar sin problemas.

El fiscal general adjunto de la ciudad de Buenos Aires, Luis Cevasco, dijo en aquella ocasión que los dirigentes de Boca y de la Asociación del Fútbol (AFA) "tienen doble discurso" en cuanto a la lucha contra la violencia en el fútbol y que lo ocurrido fue "gravísimo".

Cevasco aseguró que los hinchas "bravos" presionaron a los dirigentes de Boca para que se jugara en Vélez, bajo la amenaza de impedir que los futbolistas auriazules llegaran al escenario del encuentro.

Esto mismo ocurrió en noviembre con las plantillas de Racing y San Lorenzo, que debían a jugar a puerta cerrada, cuando los hinchas de ambos equipos bloquearon el paso de los autobuses que iban a llevar a los jugadores a Avellaneda.

Ese partido finalmente ha sido suspendido y se jugará en los próximos días. Los hechos de violencia en el fútbol determinaron la suspensión de siete encuentros durante el torneo Apertura 2006, cuyo título de campeón ganó Estudiantes.

River y Boca son sólo ejemplos de la situación, desbordada por violentos que han encontrado un lugar y réditos en casi todos los equipos profesionales del fútbol argentino, que hacen equilibrio entre lo legal y la asociación ilícita, y que cuando se pasan de la raya cuentan con defensores poderosos.

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