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EEUU y Latinoamérica | | Viene siendo hora, pues, de que la potencia del norte vuelva su mirada hacia esta parte del continente, con el convencimiento de que la única forma de garantizar la fraternidad y la estabilidad social y política de los países americanos no es otra más que la de contribuir decisivamente a la superación de las enormes asimetrías económicas
La gira que cumple el presidente de Estados Unidos por varios países de Latinoamérica la más larga que emprende a esta región en todo su mandato ha despertado sentimientos y reacciones encontradas no sólo en las naciones visitadas sino, de manera general, en todo el continente.
Como no podía ser de otra manera, el mandatario venezolano Hugo Chávez no dejó pasar la oportunidad para sacarle el mayor provecho político a la presencia de George Bush en Sudamérica. Tanto así que no tuvo reparos para asistir, en Buenos Aires, con la tolerancia del gobierno argentino, a una manifestación de protesta contra el gobierno estadounidense; o de convertir su reciente visita a Bolivia, y particularmente a las regiones afectadas por el fenómeno climatológico de "El Niño", en sendos actos públicos para hacer gala de su machacona retórica antiestadounidense.
Y es que el presidente de la mayor potencia del mundo ha volcado su mirada hacia esta parte del continente en momentos en que el puzzle político en la región ha experimentado drásticos cambios a partir de la aparición y consolidación de corrientes neopopulistas de izquierda.
Latinoamérica se ha ido convirtiendo, en el último quinquenio, en un territorio cada vez más hostil y difícil para Estados Unidos, aun a pesar del acelerado proceso de integración de las economías de la región con la norteamericana. La cada vez más influyente presencia del régimen chavista, en torno al cual se articula el denominado eje La Habana-Caracas-La Paz-Quito-Managua, no es sino el producto del enorme vacío que ha dejado Estados Unidos en Latinoamérica al concentrar todas sus fuerzas y energías en la lucha contra el terrorismo.
Convertida en una suerte de patio de trasmano para las prioridades norteamericanas de la Administración Bush, Latinoamérica se ha transformado en un territorio fértil para el surgimiento de toda clase de corrientes políticas e ideológicas globalifóbicas que amenazan no solamente con provocar serias fisuras entre los países de la región sino, lo que es peor todavía, con aislar a varios de ellos de los cada vez más acelerados procesos de integración.
No es para nadie desconocido que Estados Unidos, tal vez por omisión antes que por acción, tiene mucho de responsabilidad en todo cuanto ha sucedido en varios países latinoamericanos que se vieron expuestos a una oleada de inestabilidad política y social. Viene siendo hora, pues, de que la potencia del norte vuelva su mirada hacia esta parte del continente, con el convencimiento de que la única forma de garantizar la fraternidad y la estabilidad social y política de los países americanos no es otra más que la de contribuir decisivamente a la superación de las enormes asimetrías económicas que caracterizan a las economías de la región.
Es de esperar, en consecuencia, que la prolongada gira del presidente George Bush, la misma que mañana llega a su término en México, pueda interpretarse como la expresión de una voluntad renovada del gobierno de Estados Unidos para profundizar las relaciones de amistad, cooperación y complementariedad.
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