Pasada la euforia que rodeó a la primera sesión del Concejo Municipal correspondiente al presente año, cabe reflexionar en torno de la preeminencia del tráfago político-partidario por encima no sólo del derecho que le asiste a la sociedad de contar con una administración dedicada exclusiva, honesta y eficientemente a satisfacer sus elementales necesidades de vida en común, sino de las prerrogativas del organismo fiscalizador.
Y es que más allá de cualquier otro parámetro, la práctica de la componenda entre grupos de poder primó tanto en la ratificación del Alcalde de Cercado, cuanto en la recomposición de la directiva del Concejo, sin que para nada se hubiese tomado en cuenta el sentir del conjunto de la comunidad, que debió auscultarse de alguna manera por un mínimo de respeto para con ella misma.
Consumados los hechos, resta demandar que el Alcalde corrija todo aquello que indujo a algunos munícipes a plantear su sustitución por el mecanismo de la censura constructiva, y que estos sean capaces de hacer causa común en el fiel cumplimiento de las funciones para las cuales fueron elegidos por voto de la ciudadanía.
Caso contrario, predominarán los intereses sectarios y no así el de la colectividad a la que se deben las dos instancias del gobierno municipal, con consecuencias imprevisibles.