Conocidos los resultados del Referéndum Autonómico, los prefectos de Cochabamba y La Paz, comienzan a sentir la arremetida de aquellos que aceptaron a regañadientes el apoyo electoral mayoritario obtenido en diciembre del 2005. En la dinámica política todo es posible, pero llegar al extremo de demandar su renuncia es un despropósito que contribuye a tensionar al país y dificultar la gestión prefectural en perjuicio de sus habitantes.
Contrariamente al rol activo a favor de las Autonomías de parte de los prefectos de la "mal denominada media luna", los de Cochabamba y La Paz, reaccionaron tardía y tibiamente para lograr, con su liderazgo, disminuir la brecha ahora registrada entre el SI y el NO a las autonomías. Probablemente intuían que el referéndum autonómico se había desvirtuado al extremo de asumirse como manifestación plebiscitaria a favor o en contra del gobierno y no como expresión de la adhesión o rechazo a la idea de autonomía propiamente dicha. Desdibujado el referéndum, era comprensible su renuencia a comprometer su apuesta por las autonomías en plazas electorales masistas que terminarían malinterpretando la previsible negativa como la deslegitimación de la autoridad prefectural. ¿Cuándo aprenderemos a entender, y dejar de manipular desde el poder el verdadero sentido del Referéndum como instrumento constitucional de la Democracia Participativa?, sucedió con la consulta popular del Gas y ahora el gobierno nuevamente cayó en la tentación de medir sus fuerzas a partir de ella.
Quizás muchos cochalas y paceños que votaron a favor del MAS, y en consecuencia por el NO, recién comiencen a percatarse de las consecuencias perniciosas del NO mayoritario para el desarrollo y la satisfacción de sus aspiraciones regionales. Por otro lado, los excesos del radicalismo autonomista cruceño traducidos en impaciencia y en censurables acciones de violencia sólo sirven para confirmar los prejuicios antiautonómicos. La idea distorsionada de autonomía en La Paz y en occidente ha sido alimentada por las falsedades y extremos caricaturescos que imposibilitaron el debate político real en torno a sus bondades y potenciales amenazas.
Hay razones suficientes para temer que detrás de los resultados del referéndum autonómico se alinearon consignas racistas y de un sectarismo político cultural cada día más profundo en las manifestaciones de algunos sectores de la población no solo en occidente sino en algunos sectores del oriente y sur de Bolivia. Reconozcamos que la explosiva combinación de pobreza, exclusión y fundamentalismos étnico regionales constituye una amenaza a la posibilidad reconstruir futuro, desarrollo y democracia. Esta es una dimensión que no terminamos de asumir política, social ni subjetivamente y, cuando se trata de hablar de ello, pocos resisten la tentación de provocar y exacerbar resentimientos sociales, culturales y de piel centenarios. La bochornosa y tragicómica presentación de los "talibanes indígenas" comandados por un líder alteño confirman estos extremos.
La ligera y absurda justificación del impertinente desplazamiento de fuerzas militares en Santa Cruz, a las que se suman las señales en contra de las gestiones prefecturales más parecen una forma de chantaje, boicot o intento de domesticación política. Parece haber llegado la hora de que los prefectos de Cochabamba y La Paz, abandonen el discurso timorato para reivindicar con serenidad y sin agresiones la justa y pertinente bandera de mayor descentralización. A pesar del NO a la autonomía y guste o no guste a centralistas conservadores será muy difícil evitar reformas descentralizadoras urgentes e ineludibles.
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