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Un reto a Israel, pero también a los líderes árabes y libaneses | | Por:Javier Martín | | 13-07-2006 - 17:17 h. | |  | | Foto AP |
El Cairo | EFE
El grupo chií libanés Hizbulá reapareció esta semana en el conflicto de Oriente Medio con una espectacular operación militar que a priori pretende salir en ayuda de la resistencia palestina pero que en realidad parece ocultar un triple mensaje.
Tras cuatro años sin secuestros ni grandes combates fronterizos, una unidad de elite de la Resistencia Islámica, brazo armado de Hizbulá, atrapó el miércoles a dos militares judíos en el sur libanés, no muy lejos de las disputadas granjas de Cheba, enclave estratégico en la línea que divide Siria, Israel y el Líbano.
Además, ocho soldados del Ejército judío perecieron en combates en esta agreste zona, clave para controlar los recursos hídricos de la región, mientras que un carro de combate quedó totalmente destruido.
Horas después, el secretario general del grupo chií, jeque Hasan Nasrala, compareció ante los medios para explicar una ofensiva que ha complicado el rompecabezas de Oriente Medio y ofrecer a Israel una salida negociada de la crisis de los prisioneros.
Armado con su tradicional aplomo y su peculiar ironía, el joven clérigo formado en Irán volvió a humillar a los líderes árabes, retó a Israel, su más enconado enemigo, y recordó a sus colegas libaneses que las armas de la resistencia, antes que una amenaza para sus compatriotas, son la única defensa que protege al Líbano.
Nasrala paladeó una vez más el dulce regusto de la victoria que disfruta desde que en mayo de 2000 su grupo se convirtiera en el primero de la región en derrotar a Israel y obligara al todopoderoso Ejército judío a retirarse del sur del Líbano tras más de 22 años de ocupación.
Con su operación del miércoles, Hizbulá volvió a poner en solfa la actitud de los gobiernos árabes, mudos e impotentes frente a la masacre diaria de palestinos en Gaza.
Un primer mensaje que hizo extensivo a la comunidad internacional y a su supuesto aliado Siria, a quien pidió "una respuesta positiva" frente a la crisis.
La respuesta israelí, que este jueves bombardeó con dureza el aeropuerto de Beirut y las principales vías de comunicación en el sur del Líbano, como ya hiciera durante la ocupación de su vecino, parece haber fructificado en el resultado presumiblemente buscado.
Estados Unidos ha reiterado su respaldo a Israel, pero tanto Rusia como Francia y la Unión Europea han criticado la "desmedida reacción" y los métodos del Estado judío, similares a los que utiliza desde hace casi dos semanas en la franja de Gaza para acabar con el Gobierno de Hamás, democráticamente elegido.
Hizbulá también parece haber querido dejar en evidencia la negativa de Israel a negociar con Hamás y su preferencia por los métodos expeditivos.
Nada más arrancar su discurso, Nasralah advirtió a Israel de que la única vía para liberar a sus soldados será un intercambio de presos a través de una negociación indirecta -probablemente con la mediación del Comité Internacional de la Cruz Roja y el Gobierno alemán como ya sucedió en el pasado-.
En tercer lugar, Hizbulá parece haber querido enviar un aviso al resto de los grupos libaneses, en un momento en el que se vuelve a exigir desde algunos sectores, en especial los cristianos más radicales, el desarme de la única milicia que queda activa desde el fin de la guerra civil (1975-1990).
Uno de los ministros del Gobierno, en el que también participa el "Partido de Dios" ha declarado que Siria ordena, Hizbulá ejecuta y los libaneses sufren con un combinado explosivo que mezcla algunos de los elementos del conflicto fratricida aplazado.
Desde que Israel se retirara, Hizbulá ha justificado la actividad de la resistencia en la necesidad de continuar la lucha contra una ocupación que a su modo de ver aún no ha concluido ya que las tropas judías se mantienen en las controvertidas granjas de Cheba.
Sin embargo, la polémica sobre la soberanía del citado territorio -en los mapas más antiguos pertenece a Siria- ha minado este argumento en los últimos años y le ha inclinado a decantarse por la necesidad de defender el Líbano.
La incapacidad y la pasividad del Gobierno libanés, reacio en principio a desplegar su débil Ejército como único guardián de la frontera, ha ofrecido a Hizbulá una excusa válida para seguir blandiendo sus armas.
Un equilibrio de fuerzas fronterizo que, como dijo hoy el jefe del Estado Mayor judío, general del aire Dan Halutz, Israel "quiere cambiar".
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