Se trata de que haya congruencia entre lo que se dice y hace en la tarea del gobierno de una nación compleja y diversa como es la nuestra.
La declaración del presidente Evo Morales en el sentido de que buscará consensos con los partidos políticos para refundar el país en la Asamblea Constituyente, por un lado, y el anuncio de que su partido el Movimiento al Socialismo se apresta a conformar una comisión de acercamiento y diálogo con los departamentos que votaron por las autonomías en el referéndum del pasado dos de julio, por el otro, dejan entrever una apertura saludable para la democracia imperante desde 1982.
De irse por este sendero, en efecto, no sólo se fortalecerá el sistema, sino que los temores que sobre afanes hegemónicos y totalitarios venía generando el propio discurso oficial, habrán cedido paso a un clima de confianza necesario bajo todo punto de vista, principalmente en lo que al proceso de desarrollo de la economía nacional se refiere.
Sin embargo, para que tal cosa ocurra, las palabras tendrán que traducirse en hechos concretos, de modo que las elites y el conjunto de la sociedad civil, sepan a ciencia cierta hacia dónde se quiere encaminar a la República.
Esto en virtud de las ambivalencias que la actual administración ha protagonizado a lo largo de sus escasos meses de ejercicio del mando, tanto en lo interno como de cara a la comunidad internacional, en una suerte de malgasto del espectacular porcentaje de apoyo popular que obtuvo en las urnas.
Es el caso, por simplemente citar dos ejemplos latentes, del tema de la enseñanza religiosa, como del relativo a las negociaciones para la extensión de las preferencias arancelarias otorgadas por los Estados Unidos a la industria boliviana, con vencimiento al 31 de diciembre del presente año.
En uno, el Jefe del Estado se mostró fervientemente interesado en el laicismo, para luego de debatir con la jerarquía de la Iglesia Católica garantizar que la materia de religión no sería suprimida de los programas vigentes, sin que nadie sospechara que a los postres volvería a su posición inicial, dejando la resolución del asunto en manos del Congreso educativo que a duras penas se realiza en la ciudad de Sucre.
En el otro, el mandatario se estrenó estrellándose contra su colega norteamericano y la política económica de la potencia del norte, actitud que --de paso sea dicho-- repite cuando se le ocurre, aunque a la vez decidió que una misión integrada por autoridades y empresarios se traslade a Washington a fin de solicitar la ampliación de aquel beneficio, después de haberse perdido tiempo valioso que no se podrá recuperar, peor aun si el periplo de mención ha sido postergado hasta septiembre.
De lo que se trata, en última instancia, es de que haya congruencia entre lo que se dice y hace en la tarea del gobierno de una nación compleja y diversa como es la nuestra.