| PIPOCAS |
 |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Emergencia Planetaria | | La desilusión del entorno presidencial no debiera restar el concurso nacional en tarea así de impostergable, máxime si el territorio es todavía escenario de las criminales quemas de temporada.
Con escasas excepciones --dos, según precisión de un recuento de la agencia informativa Efe en torno de las reacciones producidas ayer--, el mundo ha aplaudido la concesión del Premio Nobel de la Paz al ex vicepresidente norteamericano Al Gore y al Comité Intergubernamental sobre Cambio Climático creado al amparo de la Organización de Naciones Unidas, por cuanto el hecho revela la existencia de una consciencia global respecto del grave problema medioambiental que, hoy por hoy, justificadamente inquieta a la humanidad, al mismo tiempo que la compromete en la búsqueda y toma de decisiones para conjurarlo.
Entre las voces discordantes, el ente noticioso citó a la del gobernante de la República Checa, para quien el cambio climático sería un mito, mientras que el discurso de Gore no tendería sino a socavar los valores liberales e introducir un nuevo tipo de ideología totalitaria camuflada en el ecologismo, consignando luego declaraciones de un diputado y un senador bolivianos, a través de las cuales uno cuestionó que el galardón hubiese sido conferido al ex segundo mandatario del país más belicista y que más muertes causa en el globo por sus guerras e invasiones, y el otro le restó méritos a la figura en cuestión, afirmando que sólo se trataba de un conferenciante mercantilizado, en tanto que, según dijo, el presidente Evo Morales, cuya candidatura a la misma distinción fuera fervientemente alentada por sus conmilitones, está haciendo una transformación estructural única en la tierra.
Naciones individuales o agrupadas en bloques, así como jefes de Estado, líderes de instituciones multilaterales y personalidades destacadas en los cinco continentes, en cambio, saludaron la elección de la fundación
sueca a cargo de aquel y otros premios anuales por obra y legado del científico Alfred Nobel, sin que el presidente George Bush se privara de festejarla, aunque manteniendo su posición reacia a la adopción inmediata de recaudos contra los trastornos que la propia especie y, en particular, los países industrializados, vienen causando en la atmósfera, con consecuencias que ya se dejan sentir.
Y es que, en efecto, el reconocimiento a la labor de Al Gore y de la entidad citada líneas antes, bien puede tornarse en el inicio de una movilización general para hacerle frente a fenómeno tan perjudicial, como el propio personaje sostuvo la víspera al enterarse de lo ocurrido en Estocolmo, anunciando de manera premonitoria que en adelante, "todos encararemos una emergencia planetaria".
En este contexto, es comprensible la desilusión de nuestro entorno presidencial; sin embargo, no debiera restar el concurso nacional en tarea así de impostergable, máxime si el territorio es todavía escenario de las criminales quemas de temporada que envenenan el aire y enferman a los bolivianos sin distinción de raza, color o credo.
| |
|
|
|
¿ No encontraste lo que buscabas ? Entonces utiliza nuestro buscador...
|
|
|
|
|