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Llanto | En medio de gran dolor, ambos bandos: el de cívicos y el de campesinos, despidieron ayer a sus muertos
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Víctimas de la violencia, enterradas como mártires
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| Redacción Central
Un templo de Cala Cala atestado de gente, e interminables manifestaciones de dolor y de llanto. Así fue la misa de cuerpo presente que despidió al joven Christian Urresti Ferrel, torturado y fallecido el jueves en la marcha por la defensa de la democracia que se realizó en Cochabamba, un día antes de que cumpliera 17 años de edad.
La familia del que denominaron "mártir de la democracia cochabambina" -en más de uno de los discursos pronunciados en el entierro- se vio apoyada en su dolor por una multitud de al menos dos mil ciudadanos que asistieron al oficio religioso, en el que los mensajes de perdón, respeto y tolerancia al prójimo de parte de los sacerdotes calaron hondo en los asistentes.
La presencia de ciudadanos fue tan grande que una parte debió esperar de pie en la puerta y en las afueras del templo.
El cajón de pino que eligió la familia para el reposo final de Christian se encontraba en el pasillo central de la iglesia, y fue escrito con mensajes y nombres de los dolientes -a invitación de uno de los hermanos del difunto- para que lleve en su viaje a la eternidad el recuerdo de quienes lo querían. Momentáneamente, los alumnos de la promoción 2007 de su colegio Anglo Americano se unieron para iniciar este simbólico gesto en medio del llanto. Y luego de interminables abrazos y sollozos, el féretro, cubierto con una bandera boliviana y otra cochabambina, fue trasladado como el de un heroico patriota por varias cuadras de la avenida Libertador Bolívar.
La multitud siguió a paso lento este acto, acompañando el ataúd con lágrimas, pañuelos blancos y comentando con indignación la manera en que el joven estudiante fue muerto a machetazos, golpes y ahorcado por una enardecida turba de campesinos, en respuesta a las agresiones del bando de cívicos.
Jhonny Pérez, pariente político del fallecido, comentó con un nudo en la garganta que "Christian tenía destrozada la mandíbula, le sacaron hasta los dientes…Recibió un machetazo en la cabeza y fue colgado". También comentó que "su manito estaba completamente aplastada y rota, porque quisieron sacarle un anillo que portaba".
Al Cementerio General llegó una cantidad reducida de gente, de unas 300 personas, rodeadas de un fuerte control policial en camionetas y motocicletas que rodearon el camposanto ubicado en la zona sur de la ciudad ante la noticia de supuestos grupos campesinos en las calles Aroma y Ayacucho dispuestos a provocar nuevos enfrentamientos. Sin embargo, los contingentes uniformados garantizaron el normal recorrido del público, sin disturbio alguno.
Ya dentro del camposanto, los presentes entonaron el himno a Cochabamba y manifestaron su apoyo a la familia vitoreando "¡Christian, amigo, Cochabamba está contigo!", lo que provocó aún más llanto y revoloteos de pañuelos blancos.
Siguieron algunas pronunciaciones de dolor de parientes y amigos, y el duro momento de introducir el cajón al mausoleo de la familia que fue acompañado de sollozos generales.
Luego la gente fue abandonando el cementerio, comentando aún el trágico fallecimiento del joven que quedó en manos de los campesinos por defender a su padre, consiguiendo salvarle la vida a cambio de la suya.
En Sacaba
Similares muestras de solidaridad y profundo dolor se expresaron por la tarde frente al cuerpo del cocalero Juan Tica Colque Machaca de 42 años, quien también falleció durante los enfrentamientos del jueves pasado a raíz de una bala presuntamente disparada por la marcha de los cívicos que le perforó uno de sus pulmones y el corazón.
Luego de una ceremonia religiosa marcada por las palabras de reflexión del párroco en el templo central de Sacaba, alrededor de las 17:00 fue enterrado en el cementerio de esa localidad.
Colque Machaca, que residía en Entre Ríos, de la Federación Mamoré, deja a tres hijos menores huérfanos y a una viuda embarazada de seis meses de gestación.
Ante gritos de glorias y memorias al fallecido, la concentración de cocaleros despidió al fallecido, de quien se dijo que "su muerte no debe quedar impune y sus victimadores ser sometidos al rigor de la ley".
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