El presidente Hugo Chávez está gastando millones de dólares en construir un baluarte socialista de corte radical, convirtiendo las ganancias del petróleo en un proyecto político al que ha bautizado como "revolución bolivariana latinoamericana". Pretende, según sostiene, conformar un frente común para proteger a los países latinoamericanos de la hegemonía de EE.UU. Queda claro que para el presidente venezolano la integración de estos países no es económica sino política. Varios líderes de tendencia izquierdista, entre ellos el Presidente brasileño Lula da Silva y la Presidente chilena Michelle Bachelet, no están de acuerdo con las ideas radicales que proclama Chávez y han adoptado iniciativas propias, sobre todo en su relación con el país del norte con quien están elaborando acuerdos comerciales. Chávez ambiciona armar una alianza política e ideológica y pretende para ello contar con los gobiernos de México, Ecuador, Colombia, Bolivia y Perú. Sin embargo, su proyecto ha empezado a hacer agua con el triunfo de Álvaro Uribe en Colombia y la reciente derrota de Ollanta Humala en Perú debido a la abierta campaña a favor de éste. Perú, un país de raigambre nacionalista consideró la injerencia de Chávez un insulto a su soberanía.
Chávez tiene el dinero en efectivo del petróleo en cantidad suficiente para promover su agenda. Se dice que a partir de 1999 ha gastado más de 25 mil millones de $us. en proyectos más allá de sus fronteras, entre ellos se citan la ayuda a Cuba, la compra de la deuda externa Argentina, el apoyo a la campaña electoral de Evo Morales en Bolivia, y el auspicio a una escuela de samba en Brasil.
En el ámbito diplomático, el apoyo público del presidente Chávez a candidatos de inclinación izquierdista en Nicaragua, Perú y Méjico ha causado más de un problema. Daniel Ortega está temeroso que las manifestaciones a su favor trunquen su estrategia de llegar al gobierno. El candidato mejicano Manuel López Obrador, es otro perjudicado con esta política de intromisión lo que le ha valido el calificativo de títere de Chávez
En otro orden de cosas, el mandatario venezolano ha buscado sin éxito confrontar al gobierno de los EE. UU., el cual ha considerado un error caer en la tentación de responder sus frecuentes ataques; teme entramparse y perder influencia en la región; piensa más bien en como inocular la región contra Chávez a quien compara con Hitler. Señala que la inteligencia de Venezuela se ha convertido en una copia de la de Cuba.
A su vez en Venezuela el dirigente opositor de la Alianza Bravo Pueblo (ABP), Antonio Ledesma, ha declarado que es "vergonzoso ver al presidente boliviano subyugado a su homólogo a fuerza de chequera"; considera además que el gobierno viola permanentemente la ley al manejar PDVSA como una caja chica que le permite desviar dinero a fondos sociales y políticos y ha advertido al mandatario Evo Morales, que los desembolsos que de manera "irregular" está entregando el gobierno de Venezuela pueden ser requeridos en cualquier momento para su reintegro al patrimonio de la nación.
La nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia también ha sido un aspecto utilizado por el mandatario venezolano para recobrar notoriedad internacional al convertirse en mediador de las tensiones entre Bolivia, Argentina y Brasil; esta acción le ha servido para montar un gran show mediático. Chávez ha perjudicado ostensiblemente la popularidad de Evo Morales de quien se considera un "tutor" y a quien exhibe como "ahijado" suyo. La intromisión de Chávez en temas internos de Bolivia, es considerado un avasallamiento a la soberanía nacional y ha disminuido en gran medida la imagen y personalidad del presidente boliviano tanto interna, cuanto más externamente.