La Constituyente no equivale a solución instantánea de todos los males que padece el país. ¡Y que males! Figuramos entre los países ubicados a la cola del desarrollo mundial. Un elevado porcentaje de nuestra población padece de extrema pobreza y exclusión social. Ambas desventuras, como se sabe, dan lugar a carencias igualmente graves, como las de un bajísimo coeficiente de educación, cultura e información, nutrientes sin los cuales una verdadera democracia, con espíritu de convivencia pacífica, tolerancia y respeto a las ideas de los demás, no florece en ningún predio estatal.
El rediseño superestructural de país equivale a rayado de cancha para acciones a futuro. Estas tendrán buenos o malos resultados según el nivel de idoneidad que el poder político acredite en la concepción, primero, y luego en la ejecución de las políticas de Estado para un ascenso progresivo en los peldaños del crecimiento económico de efecto integral, dejando atrás el subdesarrollo.
Ir del régimen presidencial al parlamentario no es nada aconsejable para un país de las características de Bolivia. Al subdesarrollo y las desventajas que este origina, se agregan las consecuencias políticas y sociales que suele originar la diversidad étnico-cultural y las desigualdades en la estructura social. Complica este panorama el todavía no resuelto problema de la desvertebración geográfica. Sobre todo en tiempos de crisis, cuando faltan los empleos y se estancan los ingresos, tales características de Estado a medio construir empujan al enfrentamiento. Casi siempre, de parte de los de abajo contra los que están arriba, a quienes le echan la culpa de todas sus desgracias. Lo peor es que los propios partidos políticos aprovechan a los de abajo para acortarse el camino al poder.
El régimen parlamentario se afirma en países de democracia consolidada. Si la tienen es porque ella se afirma en una buena base material o economía boyante. Es el caso de algunos países europeos altamente desarrollados, donde la diversidad étnico-cultural o lingüística no cuenta para nada, como lo prueba una Suiza que es mucho mas "multiétnica y multicultural" que Bolivia y donde nadie se hace problema alguno por que unos sean gringos que hablan alemán, otros latinos que hablan italiano y no pocos galos que hablan francés. En cualquier país la paz se impone cuando la plata fluye a todas las carteras, en forma diferenciada, claro, pero fluye.
En Bolivia, el régimen parlamentario le caería como anillo al dedo a la inestabilidad política y social que vivimos a raíz de casi una permanente confrontación originada en las causas señaladas líneas arriba. Cada cierto tiempo cambiaríamos de Primer Ministro como quien se cambia de calcetines. Nos imaginamos la alegría de los actores en el espacio de la intermediación político-partidario entre el Estado y la fuente de la soberanía popular. Todo el tiempo se dedicarían más a concebir y ejecutar planes para reemplazar al Primer Ministro, que a legislar y fiscalizar.