No es posible seguir cerrando calles y avenidas para mercados de barrio, no es tolerable aceptar que cada vecino que así disponga, construya un rompe muelles en la puerta de su casa, no es permisible seguir aceptando que para cualquier festividad, el Prado y sus alrededores sirvan de cancha de entrenamiento para bailarines y sus posteriores desaguisados
Las ciudades modernas del planeta buscan mecanismos que les permitan la descongestión vehicular, para entregar a sus ciudadanos la posibilidad de locomoción rápida y eficiente, evitando así la perdida de competitividad y tiempo ante el creciente incremento de vehículos motorizados. Para ello, las autoridades de esas modernas ciudades usan el ingenio para ampliar avenidas, construir pasos a desnivel, vías expresas y todo cuanto la modernidad permite, dentro de los cánones de racionalidad, lógica y buen gusto.
En contraste, Cochabamba, la ciudad más bonita de Bolivia, la envidia de todos los visitantes del interior del país, se está convirtiendo en ciudad tranca. La ciudad que empezó a crecer en base a un plano regulador ordenado y planificado, la están queriendo regresar a una aldea, so pretexto de evitar los excesos y la borrachera que son cometidos por jovenzuelos, ante la falta de control eficiente, precisamente por parte de quienes nos pretenden obligar a ceder nuestra comodidad para dar lugar a un mercadillo de pulgas y bohemia que no va a lograr nada más que atraer más borrachera y más desmesura, en caso de volver la Avenida Pando en una calle peatonal.
Parece que los geniales ediles que pretenden tal absurdo, con la total aceptación de los célebres concejales, no se han percatado de que en inmediaciones de la Recoleta ya existe otro pasaje peatonal, el mismo que ha servido para albergar nidos de delincuentes, noches de excesos y vericuetos para cometer actos inmorales, pero no para atraer turistas o vendedores de chucherías. Ahí lo tienen, el pasaje peatonal no sirve para nada, pero la tozudez y mal gusto parece que pueden más que varios miles de ciudadanos que nos veremos perjudicados y atropellados en nuestros derechos, ante la ineficiencia mostrada por las autoridades en su obligación de impedir que la avenida Pando se haya convertido en la avenida sin ley, que por más peatonal que la conviertan, si no hay autoridad, lo que se viene con el deslucido proyecto, es la pérdida de la avenida residencial más cotizada de la ciudad, y la certidumbre de que los nuevos "vecinos-comerciantes-bohemios", terminarán por violentarnos y trocar la avenida en la feria de alasitas del norte.
Nadie comprende cómo es posible que haya gente elegida, supuestamente por sus cualidades intelectuales, que tengan la capacidad de planear semejantes despropósitos con el afán único de intentar pasar a la historia como "revolucionarios ediles", o ambicionar homologar pasadas y juiciosas gestiones municipales, cuando en realidad lo que les va a suceder es entrar a la historia como funestos creadores de absurdos urbanos. Cochabamba no es más una aldea señores munícipes. Cochabamba es linda y moderna. No es posible seguir cerrando calles y avenidas para mercados de barrio, no es tolerable aceptar que cada vecino que así disponga, construya un rompe muelles en la puerta de su casa, no es permisible seguir aceptando que para cualquier festividad, el Prado y sus alrededores sirvan de cancha de entrenamiento para bailarines y sus posteriores desaguisados.
Empiecen a pensar cómo resolver el problema de la circulación vehicular, mediten sobre la necesidad de construir un tren eléctrico que una el eje Sacaba, Cochabamba, Quillacollo para lograr mejores condiciones de transporte, menos pérdida de tiempo, evitar la contaminación ambiental y parar el crecimiento descontrolado de los vehículos de servicio público, para impedir así el caos y la anarquía que ya rondan a nuestra hermosa ciudad. Si son capaces de resolver esos y otros acuciantes problemas, entonces pónganse a inventar el hilo negro, entre tanto, ¡basta de absurdos!