Es indudable que las poses histriónicas del mandatario venezolano y la ambivalencia del actual gobierno frente al espectro de la integración en esta parte del continente, contribuyeron a posponer las definiciones.
Como se había previsto, la reunión de los presidentes de Bolivia, Ecuador, Colombia y Perú en la ciudad de Quito, determinó relanzar a la Comunidad Andina de Naciones con el objetivo fundamental de gestionar la ampliación de las preferencias arancelarias otorgadas por los Estados Unidos a la región y negociar, a partir del mes de julio, un acuerdo de asociación con la Unión Europea.
A tales efectos, los mandatarios suscribieron sendas cartas para el Presidente norteamericano y la directiva de la entidad que agrupa a las naciones europeas, una de las cuales --España-- se adelantó en aplaudir la iniciativa, luego de que desmintiera una supuesta suspensión de sus programas de cooperación a Bolivia hasta tanto la situación de la petrolera Repsol-YPF se resuelva con motivo de la reciente nacionalización de los hidrocarburos.
Más aun, el encuentro determinó una acción destinada a esclarecer y viabilizar, sin perjuicio del resto, el retiro de Venezuela del bloque, según anuncio de su Jefe de Estado, corroborado por su inasistencia a la cita.
Un aspecto destacable fue la solidaridad de Colombia y Perú para con Bolivia y Ecuador en su propósito de prolongar las preferencias mencionadas, en vista de ya no ser de su interés particular por haber concertado tratados de libre comercio con la potencia del norte.
Hasta ahí la información relevante a propósito del Consejo Presidencial Andino celebrado en la capital ecuatoriana, mientras otras cuestiones concernientes al proceso de integración del área, habrán sido probablemente tema de debate por los ministros de Relaciones Exteriores, lo que lleva a pensar que quizá desde esa esfera pudo reanimarse al sistema cuando menos dos o tres meses atrás, sin necesidad de aguardar el cónclave al más alto nivel, a pesar de que allí el presidente Evo Morales debía asumir su conducción temporaria.
Desde esta perspectiva, es indudable que las poses histriónicas del mandatario venezolano y la ambivalencia del actual gobierno frente al espectro de integración en esta parte del continente, contribuyeron a posponer las definiciones, en medio de un innecesario roce de Bolivia con el Perú e, indirectamente, con los propios Estados Unidos, al margen de las distancias creadas de cara a Brasil y Argentina en el marco de los hidrocarburos.
Afortunadamente, parece que la racionalidad y el sentido práctico han prevalecido en la administración respecto del comercio y el mercado externo, al punto de entusiasmar al sector productivo privado en general y al exportador, en especial.
Y es que la presencia del Presidente de la República en el mando del mecanismo integrador andino deberá traducirse en la consolidación de las vías que permiten el intercambio de mercancías y el mayor beneficio para la economía nacional, por encima de posiciones ideológicas u objetivos geopolíticos que no sean propios del país.