Hondamente preocupado por lo que podría ser la Asamblea Constituyente dije a mi reumatóloga afro boliviana, nacida en Coroico: "Tengo negros presentimientos acerca de lo que podría suceder en Sucre a partir del martes 15 de agosto y creo que sólo la Virgen de Urkupiña, patrona de la integración, podrá salvar esa asamblea, por lo que es menester que acudamos a su santuario para implorarle por nuestro país, ya que las deliberaciones comenzarán justamente el día de su fiesta.
Bartolita me entendió y me dijo: "Si ese es tu propósito principal, vayamos a orar ante la milagrosa virgencita, y de paso bailamos en su honor durante la entrada, porque el baile no es pecado y además bailar es lo único que nos queda en estos tiempos de cambio anunciados por el presidente Morales".
Después de palabras tan inteligentes, me puse a preparar mi motocicleta Harley Davidson, más conocida como "la pedorra" en los caminos bolivianos. Cuando el vehículo estuvo listo, colocamos nuestro equipo imprescindible, aunque la yungueña se opuso a llevar con nosotros una bolsa de gran tamaño que contenía guijarros que debía devolver al cerro de Urkupiña, luego de haber logrado varios milagros de la virgen durante un año. "Está bien que creamos en la virgen milagrosa, pero ella no nos pide que nos convirtamos en acarreadores de piedras", dijo la guapa reumatóloga, y, a 100 kilómetros por hora, devoró los caminos, sin darse cuenta de que en una de las curvas yo me había desprendido de su cintura y había caído de la moto, aunque sin mayores consecuencias, volviendo ella a recogerme y pidiéndome disculpas, lo que fue el primer milagro personal que recibimos de la Virgen de Urkupiña.
Al llegar a Quillacollo, fuimos al Templo donde se realizarían los principales actos litúrgicos, pero como habíamos llegado con cierta anticipación, sorprendimos al señor cura todavía con ruleros, mientras algunas devotas realizaban con piedad los últimos toques al manto que la virgen lucirá en el día de su fiesta. Aprovechamos que el templo se encontraba algo vacío y depositamos nuestras oraciones y leímos ante la imagen nuestras listas de milagros que le solicitábamos y que no puedo revelar ante mis lectores porque son prodigios de carácter personal, familiar y también patriótico, aunque hay algunos económico - sexuales.
A mi vera vi a algunos constituyentes a quienes descubrí por el tufo a trago y coca, lo cual no es muy condenable porque todavía faltaban tres días para la primera asamblea de Sucre. Escuché que uno de ellos le prometía a la virgen respetar la doctrina católica en los nuevos preceptos constitucionales y que otro asambleísta le prometía a la virgen no cambiar a su mujer, cholita cochabambina, por una birlocha de Sucre que le coquetea desde la primera vez que él visitó la Capital.
Al haber conversado con la virgencita de Urkupiña, que es lo principal, buscamos a nuestra fraternidad de bailarines morenos para incorporarnos al baile, cumpliendo con la tradición.