Pues a pesar de lo que les pudiera sugerir el título, no me propongo hablar de fútbol, sino de esa asignatura pendiente en la Historia que es América Latina. Aunque bien es cierto que tampoco estaría mal aprovechar la oportunidad, porque el último de los partidos que se está jugando en la liga de la convivencia latinoamericana, el de México, está siendo bronco, se está jugando con entradas escalofriantes y la afición está dividida, sin que el árbitro acierte a poner orden en el terreno de juego.
Lo de Andrés Manuel López Obrador con Felipe Calderón, lleva un camino parecido a lo de Silvio Berlusconi en Italia, quien tras haber perdido las elecciones con Romano Prodi, se negó a aceptar el resultado, provocando un rosario de impugnaciones, y la rechifla internacional. Da la impresión de que en este partido no hay más reglas que aquellas que nos favorecen y para ello -México le gana ahí la partida a Italia- algunos están dispuestos a cuestionar a los árbitros, a los jueces de línea, a increpar al público y hasta a reescribir el reglamento para su aplicación retroactiva. Nos olvidamos con frecuencia de que, en democracia, las elecciones se ganan con serenidad y reflexión, es decir, en las urnas y con votos, aunque al proceso electoral haya que llegar con una experiencia contrastada, con hoja de servicios y con mensaje. Saber ganar es difícil, pero saber perder no lo es menos.
En los últimos meses, y de la mano de una notable profusión de procesos electorales, América Latina ha ido conformando una suerte de campeonato con tres divisiones y participantes ciertos: una la encabeza Cuba, con Venezuela pisándole los talones, especialmente ahora, cuando la "figura", el "crack" del equipo cubano se ha lesionado, y con Bolivia, con una joven promesa que apunta buenas maneras, a muy pocos puntos. No sé si a los jugadores les gusta mucho esta liga, pero es la que mejor paga, con esa especie de Abramovich de la política que es Hugo Chávez. Otra tiene en el primer puesto a Chile, con Argentina, Uruguay y Brasil disputándose la segunda plaza, que también da derecho a jugar la Libertadores. En la otra, Colombia, que ha renovado el contrato de su entrenador, destaca al frente, con una considerable ventaja sobre sus seguidores.
No quisiera entrar en cuál de ellas es la Primera, y cuáles la Segunda y Tercera divisiones, pero está claro que son varias las ligas que se juegan. México y Perú acaban de llegar a este escenario, aunque aún no hayan definido en cuál querrán jugar, México porque hasta el 30 de agosto -plazo para que el Organismo Electoral haga definitivo el resultado de las elecciones- no hará oficial su plantilla, y Perú porque acaba de saltar al terreno de juego, con un Presidente al que hace algunos años se le vio un peculiar y peligroso plumero hoy afortunadamente escondido, al menos por el momento, y que aún se encuentra en esos ejercicios de calentamiento previos a los partidos.
En este tablero, en estas Divisiones, les invito a colocar a los otros equipos, a Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, República Dominicana, Haití, Ecuador y Paraguay. Estoy convencido de que es un ejercicio en el que se divertirán, sobre todo si después contrastan los resultados con los de otros. La más importante de las diferencias estriba en que en el fútbol lo que cuenta es el resultado. En política el resultado solo tiene importancia si se ha llegado a él después de haber jugado un buen partido.
No quería hablar de fútbol, pero ya saben ustedes para qué se han hecho las tentaciones. Sí, es cierto, para caer en ellas.