Ciertamente, la dolorosa impotencia que siento me hace parafrasear a Pedro Shimose, y decirle, señor Alcalde, que "quiero escribir, pero me sale espuma", como anacrónico (?) ciudadano, que aún cree en conceptos tales como "calidad de vida", "medio ambiente" y "respeto a la naturaleza"
Cuando vemos nuestras calles en semejante desaseo, cuando se nos informa que respiramos aire de una nube tóxica, cuando sufrimos el pésimo estado de calles y parques, cuando la basura se acumula en las esquinas, cuando nos informan del desastre ecológico en que se ha convertido la laguna Alalay, cuando comprobamos que la empresa municipal de agua potable es incapaz de cubrir las necesidades de agua y alcantarillado de más de la mitad de la población, cuando la infraestructura y el equipamiento de los colegios son incapaces de cubrir las mínimas necesidades de los escolares, qué lastima, señor Alcalde, que despilfarre los escasos recursos de la Alcaldía en llevar adelante, tozudamente, un proyecto que no tiene ni pies ni cabeza. Me refiero al ensanche de la avenida Oquendo, obra que usted justifica como la panacea universal para el problema del tráfico vehicular de la ciudad y por estar incluido en el Plan Urbanístico de 1961, el que no puede ser tomado como dogma sagrado, sabiendo que fue elaborado por profesionales (respetables, es cierto) que no eran ni profetas ni videntes, incapaces de imaginarse ni la tremenda explosión del parque automotor de nuestra ciudad, cuarenta y cinco años después, ni la increíble sinrazón de una autoridad municipal que prioriza a los automotores antes que a los ciudadanos.
Qué lástima, señor Alcalde, ver hoy en qué esta convirtiendo a la avenida Oquendo, con árboles tronchados (perversa lección municipal de ecología para los estudiantes del colegio Don Bosco). Árboles que, en su gran mayoría fueron plantados y cuidados por los mismos vecinos, como es el caso del hermoso árbol de paraíso y el digno Jacaranda, plantados por el Ing. Fernando Rivero, a quien usted dice estimar y respetar (?), víctimas de la tala practicada al amparo de la noche, por viles ejecutores de criminales "órdenes superiores". Seguramente, desde el cielo, el Padre Oquendo, comparte mi horror ante semejante inmisericorde agresión y coincide conmigo en que la avenida, como está y quedará después de capas de asfalto y cemento, que cubrirán sus otrora jardineras, ya no merece llevar su nombre. Tal vez, sería más apropiado bautizarla "Avenida Erial".
Ciertamente, la dolorosa impotencia que siento me hace parafrasear a Pedro Shimose, y decirle, señor Alcalde, que "quiero escribir, pero me sale espuma", como anacrónico (?) ciudadano, que aún cree en conceptos tales como "calidad de vida", "medio ambiente" y "respeto a la naturaleza". Empero, deseo ahora brevemente escribirle al amigo: Chaly, te acuerdas que, en varias oportunidades, cuando charlábamos en la tienda que poseías y administrabas en la recién ensanchada avenida Ayacucho, denostábamos contra la equívoca prioridad de la gestión municipal de entonces, que dedicaba todo su presupuesto en ensanche y pavimentado de calles, antes que en la resolución de otros y más apremiantes problemas de nuestro municipio? Te acuerdas de mis felicitaciones, las veces que nos cruzábamos en la calle, por tus primeros actos como flamante Concejal, en valiente defensa de las áreas verdes, que inescrupulosos "loteadores" querían apropiarse para su provecho? Es que, me pregunto, puede alguien cambiar tanto?
Es penoso ver en los actos de una persona la combinación de irracionalidad y soberbia; pero esa combinación se vuelve peligrosa y dañina cuando se le suma Poder. Sinceramente, qué lástima, señor Alcalde.