PETROBRAS ha paralizado todas sus inversiones; Bolivia ha perdido un gran aliado y un mercado natural. La amistad entre los mandatarios Evo Morales y Luíz Inácio Lula Da Silva, parece haber concluido. Todos estos males llevan la marca "YPFB", institución a la que, en lugar de refundarla como había proyectado el gobierno del Movimiento Al Socialismo, alguien quiere refundirla, valga el término. Veamos algunos ejemplos: YPFB echa la culpa al gobierno de que no se avance en la Nacionalización. La contratación de seguros en YPFB no convence. La sugerencia nacida en YPFB para cerrar la Superintendencia de Hidrocarburos, indigna y el caso YPFB-Iberoamérica Trading, se convierte en una espada de Damocles que gira y gira buscando cabezas que cercenar.
Sin lugar a dudas, las relaciones entre Bolivia y Brasil, están muy resentidas. De aliados históricos pasamos a mirarnos recelosamente como extraños ¿Por qué? La respuesta habría que buscarla en la alta burocracia de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos; en la presidencia de YPFB; entre los asesores de la presidencia de YPFB y en la negligencia de todo un grupo político que ha tomado YPFB por asalto, como ocurría en los mejores tiempos de los partidos políticos que, precisamente por su elevada corrupción, quebraron el sistema político nacional.
Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, es el epicentro del deterioro del gobierno de Evo Morales y sobre las espaldas de quienes hoy dirigen el sector Hidrocarburos (con excepción de la Superintendencia de Hidrocarburos), recaerá más temprano que tarde un juicio de responsabilidades por el enorme daño causado a la economía nacional y a la imagen internacional de Bolivia.
Si en verdad existe justicia, incluida la "justicia comunitaria", el castigo debe ser para todo el grupo que regenta YPFB. El premio, con sobrados méritos, al personal de la Superintendencia de Hidrocarburos que por cumplir sus objetivos, cual es denunciar convenios lesivos al Estado, hoy la presidencia de YPFB, la viste de chivo expiatorio.
El problema en YPFB, es producto, entre otros factores, de un entorno de políticos criados en la vieja escuela; del hacer política para fines propios. Lo que hoy sucede en YPFB, mañana sucederá en cualquier otro nivel de los poderes del Estado, en manos aún de esa "clase política" sobreviviente, oportunista que, en su último peregrinaje al poder, desesperadamente arañó un espacio en el carro del MAS.
Por supuesto, el gobierno tiene la palabra para decidir quién se va y quién se queda pero, por encima de cualquier decisión política, está el veredicto de la opinión pública nacional que sigue este escándalo.