Santa Cruz | El Deber.- Desde lo más hondo de la cárcel de oscuridad a la que la condenó un cáncer en los ojos a los dos años de vida, María Nazareth Saavedra (6) guiada de la mano por su familia salió triunfante del mundo de tinieblas y cantó avivando voluntades a los pies del altar de la Catedral, ante el cardenal Julio Terrazas y las personas con deficiencias físicas y mentales que acudieron a la misa por el Día Nacional de las Personas con Discapacidad.
Bajo las arcadas del templo y las miradas de los santos del altar cantó para levantar los ánimos de las personas que, como ella, se sienten marginadas por sus semejantes.
Ayer ellos marcharon por las calles exigiendo respeto e inclusión en una sociedad que primero los escondía y que ahora los trata con indiferencia, pese a las leyes que los protegen.
"Es hora de que la sociedad pida perdón por su insensibilidad hacia los que más sufren, porque margina a aquellos que supuestamente no sirven, pero que son los más queridos por Dios. Las autoridades deben saber que ustedes no son el desecho de la sociedad, de esta sociedad insaciable que le gusta rodearse de distracciones. Deben saber que la discapacidad no significa inutilidad y que el de ustedes no es un grito desesperado, sino un grito de justicia que lleva el mensaje de vida a una sociedad que prefiere la muerte y los sepulcros", dijo Terrazas.
En la Catedral, mientras el cardenal imponía la comunión, Fernando Rivero, de Defensa de Niños Internacional (DNI), sostuvo que uno de los principales problemas a los que se enfrentan las personas con discapacidad es la vergüenza social.