Si otros pueblos no hubiesen tenido que sufrir experiencias de alguna manera parecidas a las nuestras, inevitable sería la sensación de que los bolivianos vamos a la deriva.
El país tendrá que soportar unos días más de incertidumbre respecto de las elecciones generales convocadas para el 4 de diciembre sin embargo del conocimiento, la tarde del pasado jueves, de las dos sentencias del Tribunal Constitucional que allanaron su preparativo, y como consecuencia de haber fijado tácitamente las brigadas y bancadas representadas en la Cámara de Diputados fecha límite para pronunciarse sobre la reasignación de escaños parlamentarios el 20 del corriente, ateniéndose a una advertencia de la Corte Nacional Electoral acerca de la ejecución del calendario establecido para los comicios.
El torneo oratorio de los diputados, en efecto, continuará a partir del martes 18, luego de que durante las tres últimas semanas no llegara a nada definitivo y sí, más bien, dejó de lado el tratamiento de otros importantes asuntos en materia de legislación y fiscalización.
Peor todavía y al contrario de lo que se hubiera podido pensar, en vez de despejarse el camino mediante principios de acuerdo, a tiempo de producirse el desbande de los representantes a sus distritos tres nuevas opciones de resolución del conflicto fueron añadidas a las dos que estaban en mesa, respondiendo siempre a intereses regionales, políticos y hasta personales de cara a un tema que debió zanjarse a poco del 22 de septiembre observando fielmente el fallo del mismo Tribunal que restó sustento jurídico al artículo 88 del Código Electoral e instó a que se lo modificara.
Es que siguieron primando el juego de aquellos intereses y, lo que es más grave, esa tendencia que se observa de hallarle resquicios al incumplimiento de la normativa vigente para zanjar situaciones complicadas mediante la negociación y la componenda, en este caso nada menos que en el seno de una de las instancias del primer poder del Estado, extremo que, no cabe duda, tendrá efectos insospechados en el quehacer nacional, sumido en peligrosa al par que creciente anomia.
En lo que será cuarta etapa de confrontación, al parecer el Presidente de la República permitirá que los diputados continúen buscando un entendimiento en su propio escenario, y sólo de no lograrse presentaría al filo del término improrrogable la fórmula que había anunciado para el lunes venidero, antes de emprender su casi frustrado viaje a España con objeto de concurrir a la XV Cumbre Iberoamericana de Salamanca, que de paso se adelantó en pronunciarse por una salida democrática y pacífica a la crisis institucional que padece Bolivia.
Por lo demás, las Fuerzas Armadas contribuyeron a clarificar el panorama al rechazar versiones antojadizas de ruido de sables y si algo queda pendiente en la ruta a las urnas, es otro recurso en favor del voto de los connacionales residentes en el exterior, que de ser atendido positivamente por el Tribunal Constitucional, plantearía un nuevo escollo para resolver.
Si otros pueblos no hubiesen tenido que sufrir experiencias de alguna manera parecidas a las nuestras en la consolidación de su destino, inevitable sería la sensación de que los bolivianos vamos a la deriva.