El día de los enamorados se celebra en muchos países de Europa y América aunque en el nuestro pasa casi desapercibido pues somos pocos los "camotes" que lo festejamos, y lo hacemos casi a ocultas como si el amor nos avergonzara, siendo una de las enfermedades más frecuentes que ataca a sus víctimas de dos en dos, acabando por tirarnos a todos en la cama.
Cuando desperté en la mañana del día dedicado a San Valentín, lo primero que hice fue ir al baño para hacer pis, hecho rutinario que aproveché para ducharme y afeitarme la barba, retornando a mi alcoba conyugal hecho un pimpollo fragante, introduciéndome en el lecho para anunciarle a mi esposa la llegada del fausto día.
Le di un casto beso en la oreja y le dije con mi voz de alcoba reservada para las grandes fechas: "Despierta, mi amor, que hoy es el día de los enamorados", respondiéndome con voz adormilada "déjame dormir una horita más", ruego que acepté resignadamente aunque no pude evitar una voz interior de protesta porque mi romanticismo había sido algo lastimado.
Aproveché del suplemento de sueño que le había concedido a mi mujer para vestirme apropiadamente para esta jornada y dije para mis adentros "hoy tengo que lucir ante ella como un hombre triunfador para que ella se sienta orgullosa de mí, de su cholito adorado". Y me puse sobre la camisa una chompa idéntica a la que lució nuestro presidente Evo Morales en su gira triunfal por Europa. Debo contarles que la chompa la había comprado hace unos días y que la estrenaría en homenaje a San Valentín y, desde luego, a la mujer que se casó conmigo hace la friolera de cincuenta años.
A la hora exacta despertó mi mujer y acudió al comedor para iniciar nuestros festejos en honor a San Valentín. Yo la esperaba de pie luciendo una sonrisa amplia de enero a diciembre, con un ramillete de rosas rojas en la mano, e hinchando mi orgulloso pecho hoy cubierto de una chompa que puso de moda nuestro Presidente.
Mi mujer lanzó un grito de horror antes de escuchar mis palabras que le decían "¡Mujer, si ayer te saludé con mi traje de torero, y bailando el pasodoble que ya es nuestro, titulado "El relicario", hoy te saludo vistiendo la chompa de un triunfador", y ella se desmayó cuando calculó que podía caer en mis brazos sin darse un porrazo.
El incidente pasó, y cuando la invité a dar un paseo por la romántica calle Uyustus donde la invitaría un fricasé, me dijo: "Iré contigo donde quieras pero quítate esa chompa", orden que cumplí sólo por tratarse de la fiesta de San Valentín, pues la luciré toda la temporada porque me han dicho que trae buena suerte y que por ella podría conseguir un buen empleo en el Servicio Nacional de Caminos.
Luego de nuestro paseo romántico por la Uyustus, paseamos por la plaza de Churubamba, idílico lugar, para retornar a casa en horas de la noche, tomados siempre de la mano y dándonos pellizcos de rato en rato.