El título de este artículo refiere al sello de una colección de "Ediciones Martínez Roca S.A." que en 1982 editó el libro: "El Enigma Sagrado" de los autores Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln. Recién llegó a mis manos la segunda parte con el nombre de "El Legado Mesiánico", de los mismos autores y en edición de Editorial Planeta Colombiana S.A., reimpresión de 2004.
Reitero, como siempre que me refiero a cualquier producción literaria, que no hago "crítica" sino sólo "comentario"; pues no creo que alguien esté autorizado para "criticar" el trabajo de otro en campo alguno. La mejor crítica es la del público cuando compra y recomienda. A parte de ello me contento con que el referido me guste, o no. Es mi crítica calladita personal e intima, y me basta.
Estos dos libros, dentro mi reducida capacidad lectora y de entendimiento, pienso sean la semilla que luego germinó comercialmente en "El Código D"Vinci"; "Ángeles y Demonios" (me parece, este último, mucho más interesante que el primero) y toda la saga concurrente y adosada de otros autores con diversos títulos, pero dentro la misma temática: "Los Enigmas del Cristianismo".
La diferencia de Baigent, Leigh y Lincoln, con los libros de Dan Brown, estriba en que los primeros son investigadores académicos que sin necesidad de plasmar fantasía para darle interés a un texto, enfocan de tal manera su trabajo dándole el condimento tan necesario para mantener el interés, sin desvirtuar en lo mínimo la realidad de los acontecimientos narrados. No obstante ambas técnicas colorean el paisaje de corriente tan nebuloso y gris de la historia, ofreciendo una visión liviana y placentera apta tanto para el que busca solo distraerse, como a quien investiga y se culturiza.
El Cristianismo es de por sí un "enigma". Desde el momento en que el término "Cristo" (gr. Cristos: Ungido) no identifica persona, lugar o tiempo, sino una Universalidad que escapa a limitaciones materiales e incluso, en mayor perspectiva, a la interesada noción que tenemos de lo "Espiritual". Conocer más de sus implicancias, nos transporta a realidades comúnmente entendidas como dogmáticas o fantasiosas. Tal el caso del Jesús tangible y entendible que, sin desmerecer sus posibilidades divinas, también experimentó, gozó y sufrió las consecuencias naturales de su encarnación.
Estos libros, por la vía del hecho histórico o de la fantasía culta, nos ofrecen una visión más lógica y creíble, por lo tanto agradable.
Estamos asistiendo a uno de los extremos pendulares de la producción literaria donde se repiten los temas, aunque con enfoques acorde al tiempo. Los cambios de siglo, y mucho más de milenio si vienen cuantitativamente juntos como en el presente, promueven tanto el interés como la creatividad sobre esos temas mágicos o místicos. Esta atmósfera nos envuelve a todos, existiendo un par de formas para respirarla: Uno, siendo observador independiente de su estructura y consecuencias por medio de libros, películas, gurúes, etc.; Dos, participando como actor de la misma: escribiendo, filmando, predicando y, sobre todo, "Creyendo lo que la propia razón lo permite".