" Los empates, en política no debieran entenderse necesariamente como catastróficos", con esta tesis, Jorge Lazarte, ex Delegado Presidencial para Asuntos Políticos inauguró uno de los últimos eventos de la gestión presidencial de Eduardo Rodrigues V. Esta afirmación planteo matices al concepto del "empate catastrófico" popularizado por el actual vicepresidente en círculos de analistas y en el debate público preelectoral.
El contra argumento resulta novedoso y convincente desde la perspectiva del pluralismo democrático. Los empates pueden ser políticamente virtuosos al coronar soluciones consensuadas y equilibradas que no contentan a nadie, no se erigen sobre la imposición de unos sobre otros, pero que dan una salida a los "empantanamientos" que sí son catastróficos.
Motiva esta reflexión el resurgimiento del debate en torno a las múltiples propuestas de Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente. Se calientan los motores y comienzan a desnudarse visiones diametralmente opuestas, así como la tentación de copar aritmética y unipartidistamente este escenario de reencuentro de los bolivianos, cuyo fin supremo es renovar el pacto social y político en el país.
Que la futura Asamblea Constituyente ¿será un poder constituido originario para comenzar de cero? Que con la "refundación del país", ¿la historia comienza el día de promulgación de una nueva Constitución? Sinceramente lo dudo. Si bien "refundación" es una palabra en boga, no confundamos ni neguemos la historia que escribimos los bolivianos hasta hoy. La próxima Asamblea Constituyente, debe entenderse como un poder derivado y no originario.
Coincido en que una vez instalada la Asamblea Constituyente, ésta tendrá poderes ilimitados dentro de los límites impuestos por la actual Constitución. Su misión y mandato será redactar y legitimar un nuevo marco organizativo y político del Estado, preservar los principios, derechos y garantías ciudadanas y de los pueblos indígenas que tendrán su voz y precautelar ante todo la unidad nacional con su diversidad y complejidad. Flaco favor le hacen al país las propuestas orientadas a constituir una Asamblea Fundacional con representación territorial reducida a 70 circunscripciones. Exacerbarían visiones parroquianas y localistas. Suscribo la necesidad de definir una cuota adicional de Constituyentes nacionales y otros departamentales.
El fundamentalismo neoliberal proclamó el "Fin de la Historia". Desbaratada la ilusión y promesa neoliberal, el péndulo de la historia nos impulsa a un cambio sustantivo y nuevo enfoque del manejo de los intereses de la sociedad. En Bolivia, tenemos una compulsiva y perversa tendencia a reinventar y desvalorizar todo lo hecho. Hoy, cuando se opera una recomposición del poder político y una transformación de fondo, se anuncia el "Comienzo de La Historia". La hiperinflación de expectativas sobre la Asamblea Constituyente es preocupante, más aun cuando cometemos el error de pensar que la sola reingeniería del Estado solucionará los problemas generados, en su mayoría, por problemas de visión y gestión de políticas no necesariamente vinculadas al constitucionalismo social vigente.
El riesgo del borrón y cuenta nueva está alimentado por un triunfalismo post electoral que embriaga y enturbia el estado de ánimo de algunos representantes del masismo. Por ello, reivindicando la democracia y el principio de complementariedad --enarbolado por el nuevo bloque de poder hegemónico, el cual asumo no autoritario-- hablemos de consensos tolerantes y virtuosos, rechacemos los empantanamientos y el inminente peligro de sucumbir en el vértigo impuesto por el "Péndulo Catastrófico".
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