Al comentar ayer ciertas incidencias y resoluciones del congreso que los productores de coca del Chapare realizaron en esta ciudad, dos temas se nos quedaron involuntariamente en el tintero: la decisión --avalada por el presidente Evo Morales-- de pasar de un cato de cultivo de la hoja por familia a similar extensión pero por afiliado a los organismos sindicales del sector, y la denuncia del propio mandatario, ratificado como es de conocimiento público en las funciones de ejecutivo de las seis federaciones de cocaleros, en el sentido de que algunos exportadores de banano en la zona, lo serían en realidad de cocaína camuflada en sus despachos de este fruto al exterior.
Nuestra omisión obedeció básicamente al reflejo parcial y escalonado de lo ocurrido en aquel evento por los medios de comunicación, cuya cobertura confrontó dificultades a causa tanto de la amplitud de lo allí tratado, como de la extensión de los discursos presidenciales, que últimamente superan en grande los marcos a los que los periodistas estaban habituados.
Respecto de la primera cuestión, cabe enfocarla desde dos ángulos: la forma en que fue respaldada por el gobernante y sus más que probables implicaciones.
Se debe recordar, en este sentido, que a los inicios del encuentro el Presidente habló del cato familiar, como queriendo instar a sus interlocutores a que observaran el acuerdo al que habían arribado con la gestión de Carlos Mesa, traducido luego en disposición legal de carácter permisivo. Sin embargo, durante el discurso que pronunció en el acto de clausura, bastó que Evo Morales consultara a uno de los integrantes de la mesa directiva sobre lo que las bases habían aprobado, para endosarlo no sólo agradecido, sino privándose de emitir cualquier juicio de valor.
Ahora bien, dado el paso, parece ocioso señalar que el país corre el serio riesgo de una suerte de explosión de las plantaciones de coca en el subtrópico cochabambino, en vista de que si todos los miembros de una familia no están ya registrados individualmente en una entidad sindical, podrían hacerlo sin pérdida de tiempo para explotar los 1.600 metros de cocales cada uno, extremo que llevaría a situaciones insospechadas en el corto plazo, máxime si de forma paralela se quiere expulsar de la zona a las agencias norteamericanas de lucha contra el narcotráfico.
Pasando al otro asunto, es decir el relativo a los exportadores del banano chapareño, uno de los cuales acaba de efectuar un envío inicial del producto al mercado alemán, como lo destacamos en esta misma página la víspera, resulta insólito que nada menos que el Primer Mandatario de la nación lance semejante acusación en su contra, por cuanto de no ser debidamente comprobada en plazo perentorio, no hará otra cosa que perjudicar acaso de manera irreversible a un rubro que venía abriéndose paso en medio del predominio de la economía de la coca-cocaína en la región, para beneficio de ella misma y del país todo desde el momento en que se tornó en generador de un creciente ingreso de divisas.