En la región del Illimani, el 16 de julio de 1809, se realzó en Bolivia la primera revolución independentista del continente.
En medio de júbilo y del embanderamiento "de carácter obligatorio de edificios públicos y privados" con los colores del emblema departamental paceño: rojo punzó en la parte superior y verde esmeralda en la parte inferior, la sede de gobierno celebra hoy el 196 aniversario de la gesta libertaria encabezada por Pedro Domingo Murillo.
Las banderas, que se mantendrán en alto hasta las cero horas del lunes 18 de julio, son impuestas gracias a una ordenanza municipal que pretende reconocer y valorar los actos heroicos de los próceres de la independencia, e inculcar en las generaciones jóvenes el fervor cívico y el respeto a los constructores de la patria.
La emancipación
Durante años en la época del coloniaje, los criollos --que soportaron el estigma de haber nacido en el Nuevo Mundo, sin derecho a acceder a puestos públicos y bajo la sombra de los ibéricos-- cultivaron un gran resentimiento que se vio aliviado por los aires de cambio llegados al continente tras la invasión napoleónica a tierra española, la Revolución Francesa y la independencia de los Estados Unidos.
En 1781, el caudillo Túpac Katari sembró la semilla emancipadora de la región al cercar a la ciudad de La Paz uniendo a las fuerzas mestizas e indígenas para organizar el levantamiento revolucionario del 16 de julio, durante la procesión de la Virgen del Carmen.
Aunque no tuvo éxito, al ser aplacado por los españoles, los criollos empezaron a germinar de nuevo el pensamiento libertario hasta que el 25 de mayo de 1809 dieron un paso con profundo contenido político que la historia recuerda como el Primer Grito Libertario, en Chuquisaca, donde los insurgentes lograron deponer al Presidente de la Audiencia de Charcas, encendiendo el interés de los paceños que empezaron a reunirse clandestinamente con tintes revolucionarios.
El movimiento se armó rápidamente para una sublevación muy planificada que debía iniciar revuelta la tarde del 16 de julio de 1809, aprovechando que toda la atención se centraba en la fiesta de la Virgen del Carmen.
Cuando se realizaba la procesión de la patrona castrense, a eso de las 19.00, los revolucionarios tomaron el cuartel de Veteranos, donde pidieron Cabildo Abierto y depusieron al gobernador Tadeo Dávila, al obispo Remigio de la Santa y Ortega. Los realistas no se enteraron de la revuelta hasta el día siguiente, pese a que el intendente interino, Tadeo Dávila, ya sabía con antelación de los planes revolucionarios, pero prefirió ignorar las denuncias hechas por vecinos sobre las sospechosas juntas.
La junta tuitiva
Cuando los insurrectos tomaron el control, organizaron la Junta Tuitiva. El 22 de julio se le ordenó al mestizo Pedro Domingo Murillo que desempeñe el cargo de Coronel Comandante de la ciudad. Las reuniones lograron crear un gran tumulto de criollos, mestizos e indígenas que se unieron como fuerza de choque en la movilización.
A raíz de la creación de la Junta Tuitiva, circularon varias proclamas: mientras una aclaraba la lealtad de Murillo al movimiento, otra explicaba a los potosinos los motivos que impulsaron a las acciones del 16 de julio.
El 27 de julio, la Junta lanzó la proclama más conocida que en su texto declaraba la independencia de las colonias, que fue enviada a las principales ciudades en espera de su pronunciamiento y adhesión.
Ante el peligro de la aproximación de tropas realistas al mando de Goyeneche, llamado para sofocar la insurrección, los revolucionarios se alistaron para la defensa y marcharon hasta Chacaltaya a esperar al enemigo pero hubo una contrarrevolución encabezada por Pedro Indaburo, quien apresó a Murillo acusándolo de traición.
Calmados los ánimos, Indaburo fue ajusticiado por Antonio de Castro. Poco después, llegaron las fuerzas de Goyeneche a la ciudad, lo que obligó a los patriotas al repliegue de sus fuerzas hasta los Yungas, donde entre octubre y noviembre de 1809 fueron derrotados en los combates de Irupana y Chicaloma, donde perecieron Victorio García Lanza y Antonio de Castro. Murillo consiguió huir, pero fue apresado los primeros días de diciembre en Zongo. Así, los cabecillas restantes cayeron poco a poco.
Promártires de la Independencia
Algunos patriotas fueron condenados a prisión perpetua en las Malvinas y Filipinas luego de la confiscación de sus bienes, mientras que el 29 de enero de 1810 se cumplió la sentencia de muerte para nueve protomártires de la independencia: Juan Antonio Figueroa, Basilio Catacora, Apolinar Jaén, Buenaventura Bueno, Juan Bautista Sagárnaga, Melchor Jiménez, Mariano Graneros, Gregorio García Lanza y Pedro Domingo Murillo, quien pasó a la historia como autor de la célebre frase: "La tea que dejo encendida, nadie la podrá apagar, viva la libertad."