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Cochabamba - Bolivia Miércoles, 17 de mayo de 2006

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El elemento faltante -IVÁN KRALJEVIC
Mutación estatal -CÉSAR ROJAS RÍOS
Mi amigo venezolano -PAULOVICH
La licitación del Mutún -JOSÉ GUILLERMO TÓRREZ G. O.
El derrumbe de los mitos -WALDO PEÑA CAZAS
Democracia semidirecta -ORLANDO MERCADO CAMACHO
Y todo antes del mundial -GONZALO MENDIETA ROMERO
El Ministerio de los Gastos Reservados -CARMELA GUTIÉRREZ DE JOHNSON
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Duelo que no sirve perderlo
Montaño recibe complaciente las postulaciones

El elemento faltante

Por:IVÁN KRALJEVIC

La política tradicionalmente ha sido entendida en términos de competencia por el poder, conflicto de intereses, o lucha de clases.

Esas tres visiones configuran el marco mental dentro del que se mueven nuestros políticos y dirigentes. Por ende, cada uno escoge cuál de las tres -o incluso cuál combinación de ellas- le acomoda mejor, y procede a desenvolverse dentro de ese esquema.

Uno se verá a si mismo, por ejemplo, como el defensor de los intereses de un sector o segmento social en particular, y asumirá su papel en ese sentido. Otro se sentirá llamado a liderar o aportar en la lucha de clases (o razas, o regiones), buscando desencadenar la revolución libertadora, etc.

Sin embargo, aparte de esas tres visiones tan comunes en nuestro país, existe una cuarta que a falta de mejor nombre puede dársele el de "estadista". Es una visión completamente diferente, pues ve al país en forma integral y se plantea la cuestión de su supervivencia y avance en el contexto de las naciones del mundo.

Es tan diferente esa visión que, por ejemplo, en vez de expresarse mediante el conflicto interno (cosa común a las tres visiones tradicionales), entiende tales conflictos, en cambio, como un factor debilitante y perjudicial.

No niega ni ignora las causas y procesos de los conflictos, pero su enfoque es diferente. Reconoce que la eliminación o ruina de una(s) de las partes a manos de la(s) otra(s) -o la ruina de las partes en conflicto- no es beneficiosa para el país, por lo que más bien procura la conciliación de intereses y la superación de desconfianzas, temores y rencores mutuos.

Es, simplemente, un enfoque diferente, pero de implicaciones pasmosas. Podemos verlo en nuestro caso revisando la calificación que el Fondo por la Paz (*) le otorga a Bolivia en la variable que ellos llaman "Legado vindicativo", o que para más luces podemos simplemente llamar como nivel de rencor/desconfianza intersectorial (entendiendo sector como clase social, raza, región, gremio, etc.).

Bolivia tiene una calificación de 7 en esa variable (1 indica muy poco rencor/desconfianza intersectorial, 10 indica odio extremo). Aparte de ser bastante alta nuestra calificación, revisando la lista de los países que tienen el mismo problema que nosotros (igual o mayor "legado vindicativo" que Bolivia), encontramos que la lista está llena de países como Costa de Marfil, Ruanda, Uganda, Azerbaijan, Algeria, Líbano, Egipto, etc.

Es decir, el tipo de países de los que nunca llegan buenas noticias. Son en su mayoría países africanos y asiáticos, y los únicos países europeos en ese grupo son los pedazos en que se dividieron la Unión Soviética y Yugoslavia.

Sólo tres países latinoamericanos (Haití, Colombia y Guatemala) aparecen con peor calificación que Bolivia.

Como se ve, éste es un problema de acuciante gravedad en Bolivia (¡como si no lo supiéramos todos, sin necesidad de leer el informe de referencia!), pero ante ello se hace tristemente patente que nunca tuvimos un partido, proyecto o movimiento político, o siquiera alguna ideología, que intentara enfrentarlo.

La lógica típica, en cambio, ha sido suponer que los rencores y desconfianzas desaparecerán en cuanto los sectores agraviados abatan y sometan a los sectores agraviadores (y esta visión ya implica aceptar la división de la sociedad entre tales "bandos", e implica también promover el enfrentamiento entre ambos). Sin embargo, a más de 50 años de la Revolución Nacional, que tan pródigamente castigó y tan definitivamente abatió a los agraviadores de entonces ("gamonales" y demás), el hecho de que hoy sigamos siendo uno de los países más aquejados por rencores y desconfianzas internas muestra que esa lógica está errada.

La visión integral de país, además, no es de corto plazo. Esta es su característica más valiosa, como lo demuestra el contraste con nuestra historia nacional. En efecto, casi todos los gobiernos que hemos tenido han estado ciegamente enfocados en su coyuntura momentánea, basando su estrategia de desarrollo en el aprovechamiento del recurso natural de turno (plata, quinina, caucho, estaño, petróleo, gas, etc.), sucesivamente entusiasmados creyendo haber encontrado el nuevo Cerro Rico.

La idea de siempre es que el recurso natural del momento va a tener buenos precios por muchísimo tiempo, y que en el ínterin podremos conseguir la industrialización y la diversificación económica, en base al aprovechamiento inteligente de dichos recursos naturales. Desde hace 107 años, por lo menos, que pensamos así.

De ahí la importancia de una visión de largo plazo, que reconoce que la única estrategia con posibilidades de éxito consiste en desarrollar la adaptabilidad de la sociedad frente a un mundo siempre cambiante y en continua evolución. Es decir, desarrollar en la población los talentos (iniciativa, creatividad, determinación) necesarios para detectar y explotar nuevas oportunidades a medida que éstas se producen. Incluso para generarlas.

Pero esos talentos no se producen, como es obvio, por decreto ni imponiendo el "sistema" tal o cual. Se generan a partir de que la persona común asume la responsabilidad por su propia vida. A partir de ahí, cuando la persona se reconoce como la única responsable de su propia fortuna o ruina, es que se le hace evidente la necesidad de desarrollar esos talentos.

Se ve, en este sentido, el inmenso impacto que las políticas gubernamentales (positivo o negativo) puede tener sobre el desarrollo de ese sentido de responsabilidad. En nuestro caso, lastimosamente casi siempre negativo, y mucho, como se hace patente al notar que la inmensa mayoría de los bolivianos esperan que el Estado les resuelva sus problemas, y que su máxima esperanza es que éste les quite algo a otros (tierras, bienes, propiedades, etc.) para dárselo a ellos.

Otros países han tenido estadistas; incluso Chile tuvo a un Portales. ¿Por qué nosotros no? Vaya uno a saber…

(*) http://www.fundforpeace.org/programs/fsi/fsindex2006.php

ivan.kraljevic@gmail.com

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