Queda flotante la duda de si los labriegos serán capaces de ejercitar un autocontrol, o se prestarán a los dictados de los traficantes de la droga
En su reciente alocución ante el Parlamento Europeo, el presidente Evo Morales abordó un tema por demás sensible en todo el planeta, cual es el relativo a la elaboración y tráfico de drogas alucinógenas, en nuestro caso la cocaína que se deriva de la coca.
Al respecto, el mandatario hizo saber que durante su gobierno no habrá libre cultivo del arbusto, como tampoco coca cero, divisa enarbolada por alguno de sus antecesores en el mando de la nación. Más aun, se refirió al postulado ya planteado por él mismo y su entorno próximo en el país acerca del control y la racionalización de la producción de la hoja por los propios agricultores, a la vez de demandar más transparencia bancaria para evitar el lavado de dinero, y restricción del ingreso a territorio nacional de precursores químicos de factura extranjera.
Por lo demás y en una suerte de balance de lo efectuado en los últimos quinquenios para frenar el crecimiento de los plantíos y la fabricación de la droga en Bolivia, sostuvo que la erradicación tanto compensada como forzosa dejó mucho que desear en términos de derechos humanos, insistiendo en su política de concertar con los productores las áreas de cultivo.
Llamó la atención que el Jefe del Estado no hubiese hecho mención a los programas de desarrollo alternativo ejecutados en el Chapare, para pasar luego, hace poco tiempo, a los yungas paceños, a pesar de la oposición de una de sus poblaciones.
Tradicionalmente, la cooperación europea a lo que se conoce como lucha contra el narcotráfico, ha diferido considerablemente de la norteamericana, que se centraliza en la erradicación de los cocales y la represión de los narcotraficantes, sin que ello signifique desatención a la sustitución de los cocales por variedades que inclusive gozan hoy de mercado en el exterior.
Naciones del viejo mundo, en cambio, canalizaron su ayuda hacia el desarrollo humano en el subtrópico cochabambino, además de contribuir a la infraestructura de la región y al descubrimiento de sus potencialidades, de modo que sus habitantes vayan inclinándose por las actividades lícitas antes de involucrarse en la economía de la coca-cocaína.
De ahí es que el discurso presidencial que nos ocupa mereció no sólo la atención de los eurodiputados, sino su aplauso, circunstancia que lleva a inferir que cada uno de sus países, o el bloque que integran, continuarán con su modalidad de respaldo tomando como sujeto al hombre, sus elementales derechos y las condiciones en que vive en las zonas productoras de coca.
En este contexto, queda sin embargo flotante la duda de si los labriegos serán capaces de ejercitar un autocontrol sobre de la extensión de sus plantaciones del vegetal, o se prestarán a los dictados de los traficantes de la droga.