La Paz | La Prensa.- Cuando el frío helado de la madrugada acarició su rostro y limpió el horizonte para permitirle divisar a lo lejos la altivez de una bandada de flamencos, que con majestuosidad posaban sobre la Laguna Colorada, Stuart Hurlbert no se sintió ajeno al ambiente, ni extrañó para nada los aires veraniegos de su amada California, en Estados Unidos.
Él, interesado sobre el estudio de las aves rosadas, que hasta ahora se constituyen en uno de los principales atractivos de la región sur del departamento de Potosí, en 1975 se convirtió en el primer turista extranjero que recorrió los frescos, pero a la vez áridos, corredores de lo que hoy es la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa (REA).
Luego de Hurlbert, cientos de avezados aventureros dispuestos a soportar las gélidas noches que bordean los 15 grados bajo cero siguieron el peregrinaje por el bello paisaje, incluso cruzando todo el país hasta llegar a la frontera con Chile, sólo para constatar que la naturaleza se apiadó de las poblaciones que llevan una vida casi marginal al sur de Potosí.
Según el director de la REA, Álvaro Báez, el año pasado llegaron 47 mil turistas a la zona, pero pese a los conflictos de 2005, confía en que el número de visitantes no disminuya en gran proporción.
El paraíso andino
Allí, en la provincia Sud Lípez, a unos 4.300 metros sobre el nivel del mar, en el confín mismo de Bolivia, donde se percibe que el sol lleva un abrigo y las estrellas se pueden "agarrar" con la mano, se observa la libertad que tienen los flamencos para convivir con las vicuñas y las llamas, que, como típicas dueñas de casa, pasean todo el día por las extensas pampas amarillentas del área y coquetean con los turistas, haciendo gala de su esbelta figura.
En cambio, el zorro y el gato andino son más tímidos, aparecen de vez en cuando y, por lo general -cuentan los guardaparques de la REA-, lo hacen correteando a las pequeñas vizcachas que se encuentran entre las piedras volcánicas desparramadas en el área.
Las principales formas volcánicas amorfas de la región son el "árbol de piedra", que tiene más de diez metros de altura y las "piedras de Dalí", que parece una pequeña ciudad de otro planeta, como sacada de alguno de los episodios de La Guerra de las Galaxias.
La ruta no está completa si es que uno no recorre las lagunas de colores, que adquieren tonalidades tan brillantes y diversas aunque el frío las congela de vez en cuando.
Proyectan museo de ferrocarriles
Cuarenta y cinco años después, más de 62 locomotoras que eran las más veloces de la región, no se mueven. Están amontonadas como chatarra oxidada a consecuencia de la angurria de poder de los gobernantes, el olvido histórico y la privatización que dejó a más de 30 mil trabajadores ferroviarios sin empleo y convirtiera en residuos, lo que alguna vez fue la Empresa Nacional de Ferrocarriles (ENFE).
Freddy Véliz, presidente del Concejo Municipal de Uyuni, dice que los ferrocarriles que se pudieron recuperar de esa época pasaron a manos del municipio, para que puedan convertirlos en parte de un Museo y así, forme parte del paquete turístico que promocionará esa localidad potosina, distante de La Paz, a más de 200 kilómetros.
La entrega de los trenes se realizó el sábado 9 de julio, y ahora los pobladores están tras un crédito de medio millón de dólares para que el museo abra sus puertas.