Cochabamba - Bolivia
Sábado, 22 de noviembre de 2008

 
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Reformas impostergables -
La elección presidencial en el debate sobre la nueva Constitución-H. C. F. MANSILLA
Poner orden -JOSÉ GRAMUNT DE MORAGAS,. S.J.
Parábolas del bien y el mal -OSCAR UZÍN OP
La suerte de vivir en La Paz - PAULOVICH
Una hipócrita libertad de expresión -WALDO PEÑA CAZAS
¡Que lo digan ahora! - CAYETANO LLOBET
La vocación productiva del chapare -RAÚL RIVERO ADRIÁZOLA
Fisuras -ROBERTO BARBERY ANAYA
 
Nacional
Poma relató ante el juez cómo y por qué asesinó a la niña Estéfani
Cada vez más niños y niñas son víctimas de maltratos
Construyen el hospital más grande
Rodríguez pide aprovechar clima de paz para meditar

 
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Alegría y esperanzas en el inicio de Expofrut
Arévalo es nuevo ejecutivo de Federación de la Prensa
Paceños celebran el 196 aniversario de La Paz
Policía de la FTC muere ahogado en río de Eterazama

 
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Puerto Suárez bloqueará la frontera
BID se prepara para elecciones
Buen escenario para mercados
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Internacional
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Brasil: empresario dijo que financió al PT

 
Deportes
Aurora, frente al último
Bolívar va por el título
La Liga se reunirá el martes 19
A Wilster se le escapa la Copa
REFLEXIÓN DOMINICAL
Parábolas del bien y el mal
Por:OSCAR UZÍN OP

La más interesante de las siete parábolas del Reino de Dios en Mateo 13 es posiblemente la primera del evangelio de hoy: "el trigo y la cizaña". Estos dos elementos simbolizan el bien y el mal. La mezcla de ellos en la vida es la experiencia de todos los seres humanos. Jesús la presenta mediante el relato de un agricultor que sembró trigo en su terreno, pero luego vino un enemigo y sembró cizaña junto al trigo. Ambos crecieron juntos y al llegar la cosecha el dueño ordenó recoger primero la mala hierba para quemarla, y luego el buen trigo para almacenarlo. Los discípulos preguntan el significado de la parábola, y Jesús revela siete símbolos:

"El que siembra el buen trigo es el Hijo-de-Hombre; el terreno es el mundo. La buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin de la historia; los segadores son los ángeles. Como se arranca la cizaña y se la quema, así sucederá al fin del mundo, cuando el Hijo-de-Hombre envíe a sus ángeles, que expulsarán del Reino a los escandalosos y malhechores, arrojándolos al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Pero los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tiene oídos para oír, que escuche" (Mateo 13:37-43).

Los siete elementos forman una totalidad y la parábola simboliza la vida humana, en que tanto varones como mujeres, todos libres y capaces de entender, son llamados por Dios para hacerse responsables de su propio destino. Cada uno debe elegir entre las dos opciones: ser trigo o ser cizaña. Aunque la enseñanza es clara, Mateo añade otra parábola al discurso, con significado y conclusión idénticos. "El Reino de los Cielos también es como una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla, se sientan en la playa, recogen en cestos los peces buenos y tiran al agua los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malvados de entre los justos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes" (13:47-50).

Las dos parábolas enseñan lo mismo; la primera es muy simbólica, con una detallada explicación, y la segunda es sencilla pero con la misma lección sobre la historia humana con su mezcla de bien y mal. ¿Por qué se repite la enseñanza? Tal vez para hacerla enfática. La serie completa de siete parábolas en Mateo 13 tiene una clara estructura literaria. Después de la inicial del sembrador, las seis siguientes forman tres pares, cada uno con igual significado en ambas parábolas, como se verá con las cuatro restantes en el artículo del próximo domingo.

Las dos parábolas, con igual significado de la coexistencia del bien y el mal en la historia humana, pueden provocar molestia y pesimismo, por la obligatoria espera del fin del mundo para ver la felicidad prometida por todas las religiones. Hay que recordar que la historia real de la humanidad es distinta y terrible, porque muestra la inmensa mayoría de pobres, explotados, hambrientos, enfermos, desgraciados, despreciados y condenados que llenan el mundo. Las dos parábolas presentadas afirman que los malvados tendrán "llanto y rechinar de dientes". ¡Pero falta tanto para comprobarlo! El mundo real es exactamente lo contrario. Tal vez por esto las religiones no hacen impacto en la vida diaria, porque el ideal proclamado de justicia y paz nunca se comprueba. Para los que creen en Dios, esta realidad prometida debería ser el acicate que los mueva a trabajar por el bien, a pesar de todas las dificultades. Pero esta actitud no puede ser impuesta. Sólo viene de la libre decisión del que vive su fe.


 
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