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Entre el campo y la ciudad | | Excepción a la regla serían los cocaleros del Chapare, que aparte de no haber nacido en el departamento en su gran mayoría, constituyen el brazo político del gobierno.
Desde la asunción del Movimiento al Socialismo al poder, inicio a su vez del estímulo a la confrontación por razones de origen y clase dentro del cuerpo social del país, hay quienes dicen que el divorcio entre el campo y la ciudad es cada día más profundo en Cochabamba, situación que se repetiría en el resto del territorio nacional, aunque de acuerdo con las peculiaridades de los departamentos.
Peor todavía, bajo ese preconcepto, se cree que el fenómeno es irreversible y que uno de sus elementos acabará por sobreponerse respecto del otro, en una suerte de reivindicación largamente acariciada en el área rural.
Ocurre, sin embargo, que la realidad muestra lo contrario, manifestándose sobre todo en las ferias que de esto y aquello, organizan las provincias semanalmente convocando a la población citadina, la que en efecto concurre a ellas en tan elevado número, que inclusive pone en apuros a sus realizadores a causa del rápido agotamiento de lo que ofrecen; trátese de artesanías, productos del laboreo de la tierra o alimentos elaborados.
Al respecto, podría argüirse que esa práctica se da en las capitales de provincia sin involucrar a los labriegos que las circundan, lo que tampoco es evidente atento el hecho de que los insumos para la variada oferta, provienen de estos últimos, quizá hoy por hoy escasos por obra de la migración a los centros urbanos y el exterior, comprendiéndolos en lo que en última instancia significa un negocio lucrativo.
De ahí que, por más de que se lo niegue y mal del agrado del discurso gubernamental, la relación entre la ciudad y el campo es estrecha y creciente, después del período de tiempo en que por efecto de la "revolución nacional", sí hubo un distanciamiento que resultaría largo explicar.
Ahora bien, ¿cómo entonces es que la urbe suele verse invadida por hordas supuestamente campesinas cuando la administración central quiere imponer sus planes apoyado en lo que denomina movimientos sociales? La respuesta está en que esas huestes son movilizadas a cambio de dádivas y/o amenazas por activistas dependientes del régimen, como sucedió durante el doble sexenio movimientista, al punto de haberse establecido un férreo caciquismo contra el cual nadie podía siquiera pronunciar palabra disidente.
Excepción a la regla serían los cocaleros del Chapare, que aparte de no haber nacido en el departamento en su gran mayoría, constituyen el brazo político del gobierno, de donde nunca requerirán de la prebenda o la coerción para hacerse sentir fuera de sus dominios, las plantaciones de la hoja, sino que lo harán indefectiblemente al clarín de sus líderes, por cuanto así preservan su medio de subsistencia y hasta pretenden ganar ascendiente no sólo en la comunidad nacional, sino internacional, amparados en los alegados beneficios de la hoja de coca.
Un tema, en fin, digno de reflexión.
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