Las peleas de perros se llevan a cabo usualmente cada dos semanas, entre canes del mismo sexo y en cinco tandas de enfrentamiento, como explica un casual asistente que prefiere permanecer en el anonimato.
Las tres primeras son peleas iniciales acordadas entre individuos que creen que su perro va a ganar porque pelea por primera o segunda vez. Entonces, la apuesta no sobrepasa los 200 bolivianos y el encuentro no dura más allá de unos minutos.
Durante las dos siguientes peleas donde se enfrentan animales con mayor experiencia y resultados obviamente más violentos, si el grupo congregado fuera sólo local, la apuesta rara vez sobrepasa los 100 dólares.
Si el espectáculo reuniera representantes caninos de otras ciudades, entonces, la penúltima pelea es departamental y la última nacional. Las apuestas llegan hasta los 500 dólares o más, y suelen ser a muerte.
"Desde 2002, cuando el Municipio de Cercado fiscalizó con mayor rigurosidad estos eventos, hemos tenido información de que los lugares de pelea se trasladaron a Punata, Cliza, Valle Hermoso y Tiquipaya", explica Pedro Lima, jefe del la Unidad de Moral y Eventos Públicos de la Honorable Alcaldía de Cercado
Las peleas, dondequiera que se lleven a cabo, utilizan el denominado "pit", fosa cuadrangular cavada en el suelo de cualquier chichería de barrio que permite acorralar a los animales. Usualmente en la ciudad se prescinde de ella porque resulta difícil de justificar ante un allanamiento policial repentino.
Se cobra un promedio de 30 bolivianos para ingresar al recinto, lo que da derecho a bebida alcohólica y al espectáculo en si mismo. Los perros y el lugar físico de la pelea son salpicados con sangre fresca de otros animales para hacerlos parecer más fieros y exaltar su naturaleza primitiva.
Sólo se filman las peleas de perros de raza, cintas que posteriormente son comercializadas con mucha precaución porque el negocio se sustenta en la fama que los perros adquieren en cada una de sus peleas.
"Tenemos en nuestro poder una cinta que fue grabada las últimas semanas por un simpatizante de nuestra organización", explica Liliana Téllez, presidenta fundadora de la Asociación para la Defensa de los Derechos de los animales en Bolivia, ADDA.