Misión cumplida. Ayer, en medio de aplausos, llanto y cánticos, los restos de la religiosa Estefanía Murray recorrió una parte de El Prado, antes de su posterior traslado al Parque de las Memorias.
Ahí en El Prado, hace más de 25 años, Madre Estefanía inició su trabajo con los niños de la calle (adictos a la clefa y abandonados). Esa decisión le permitió empezar a madurar la idea de un proyecto integral para los niños de la calle y abandonados como es ahora el Programa Amanecer.
La religiosa hizo realidad el Evangelio: "Tuve hambre y me diste de comer. Tuve sed y me diste de beber. Estuve enfermo y me curaste. Estuve desnudo y me vestiste", compromiso que le permitió ganarse el amor de los más débiles y necesitados.
Madre Estefanía estará por siempre en el "grupo de los justos" porque una Hija de la Caridad hizo realidad el Evangelio y la vida de Cristo expresada en una vocación única de servicio a favor del más pobre y olvidado de la ciudad de Cochabamba.
Los niños y niñas que se encontraban alrededor de su féretro expresaban a cada momento amor y gratitud por lo recibido en los diferentes centros del Programa Amanecer. Estefanía nació el 4 de enero de 1921 en Filadelfia-Estados Unidos.
Ayer, al promediar las 09:30 el templo del Hospicio fue testigo del último adiós a Estefanía, cuyo ataúd se encontraba rodeado de niños y niñas que no dejaban de llorar la muerte de su "madre".
La misa de cuerpo presente estuvo presidida por el obispo auxiliar del Arzobispado de Cochabamba, monseñor René Fernández Apaza, quien afirmó durante la homilía que "todos nos encontramos acongojados por la despedida larga que hacemos hoy (ayer) a nuestra querida hermana que ha trabajado tanto en nuestra sociedad y en todos los lugares donde ella ha estado".
La construcción del Hospital Elizabeth Setón al igual que la escuela de Enfermeras del mismo nombre son virtudes que han adornado la vida de la religiosa en Cochabamba.
Sin embargo, en Santa Cruz dedicó parte de su vida a la atención de pacientes con enfermedades de la piel -enfermos "negros"- en el Hospital de Jorochitos.
Pero una de las obras más importantes y grandes que ha logrado concretar es precisamente el Programa Amanecer, institución que cuenta con 12 centros de atención para diferentes niveles y edades de la niñez de Cochabamba.
En estos momentos, los albergues cobijan a más de 450 niños y en la calle atienden a similar número de niños con problemas de adicción y familiares.
Durante todo el tiempo de su vida, la religiosa siempre ha estado pendiente de los pobres, enfermos y personas mayores, pero sobre todo de los niños con problemas, según Fernández.
La "Hermana" Estefanía estuvo 24 años al frente del Programa Amanecer y días antes a celebrar el cuarto siglo de vida institucional, los niños de la calle empezaron a extrañar las palabras de cariño, enseñanzas y capacidad de servicio de Estefanía.
En tanto, los educadores y personal en general de Amanecer consideran que de aquí para adelante empieza un nuevo ciclo en su trabajo porque tendrán el desafío permanente de hacer realidad lo que siempre pregonó Estefanía: amor, dedicación y respeto al prójimo.
Dos testimonios de vida
Antes de que el carro fúnebre tome la avenida Salamanca con dirección a Sacaba se escucharon testimonios desgarradores de lo que fue el compromiso y servicio de vida de la religiosa Estefanía Murray.
Un joven y un niño expresaron de manera espontánea su experiencia de vida con la "madre" que reemplazó a la que nunca tuvieron.
"Quiero agradecer a la mamita Estefanía y quiero que descanse en paz. Gracias a ella estoy aquí porque antes no podía caminar. La hermanita nos ha ayudado a los niños de la calle, a toditos, por eso le pido a Dios que le cuide como ella nos ha cuidado como una madre. Gracias por habernos educado, dado techo y comida. Muchos de los cleferos hemos cambiado porque la hermanita nos ha venido a visitarnos, a los pobres", dijo Oswaldo Escobar Ovando, de 19 años.
En cambio, José Arequipa, de 14 años, relató que "cuando clefeaba en la Coronilla y en otros lados, la madre (Estefanía) me trajo al hogar Sayarikuy, por eso le doy muchas gracias porque no tenía hogar. Era muy buena y me ha ayudado mucho para salir adelante".