Lo que nos debe interesar es su sustancia, su manera de expresión político-económica, el modo, todavía no anunciado, en que alteraría, de implementarse, nuestras vidas. Se necesita para abrir el debate, que sus propugnadores precisen las leyes, las instituciones, las formas de acumulación, etc. que debieran acompañarlo. Si los rótulos sirven para ganar elecciones, ya no bastan para gobernar
En los tres tomos de "Das Kapital", Carlos Marx estableció, lo que, a ojos izquierdistas, constituye el capitalismo, que para él tenía nombre pero no apellidos. En más de cien años el capitalismo ha cambiado su proceso inmediato de producción y se ha globalizado con una contundencia que era insospechada en la época del revolucionario alemán, pero la definición básica de este modo de producción ha sobrevivido al embate de los tiempos: producción de mercancías y de plus valor, por medio de otra mercancía: la fuerza de trabajo.
La vuelta de hoja que se ha producido en Bolivia el 18 de diciembre último, ha obligado al MAS a revelar los horizontes, que aún parecen borrosos e inconclusos, de su proyecto económico. Contra quienes desde el MAS o fuera de el, se empeñan en proclamar el pachakuti o un inmediato socialismo en moldes clásicos, el Vicepresidente García Linera ha propuesto un nuevo modelo denominado "provisoriamente" (como muchas otras cosas en el MAS), "capitalismo andino-amazónico". Es decir, y vale la pena citarlo: "la construcción de un Estado fuerte, que regule la expansión de la economía industrial, extraiga sus excedentes y los transfiera al ámbito comunitario para potenciar formas de autoorganización y de desarrollo mercantil propiamente andino y amazónico".
En otros términos, una política de corte estatista, que vigile al capital privado y estatal (no solamente industrial, sino obviamente también el financiero y comercial), cuyos excedentes, captados mediante el sistema impositivo, se redireccionarían hacia las redes de la producción de micro empresarios y comunidades indígenas, corazón de este proyecto. Son precisamente en ellas donde se cobijan la mayor parte de la empobrecida población boliviana que hasta ahora solamente han merecido el ataque del Estado o, con suerte, su ausencia.
Justo y congruente para pagar una deuda histórica, luchar contra la pobreza y la discriminación. La incongruencia está en lo que viene luego. El Vicepresidente no renuncia a la "utopía socialista", pero la pospone unos 20 ó 30 años. Si la nueva alborada no puede proclamarse ahora, nos dice, es porque el potencial comunitario, que sería una de sus bases, está muy debilitado. Además, y no deja de ser sorprendente en quien parecía haber renunciado al vanguardismo obrerista, porque no existiría en Bolivia un proletariado numérica y políticamente importante "y no se construye socialismo sin proletariado". "El socialismo se construye sobre la gran industria". Marxismo leninismo hasta el fondo.
ETAPISMO SIN INDUSTRIALIZACION
En los años 40 del siglo pasado, luego de la Guerra del Chaco, los marxistas bolivianos del Partido de Izquierda Revolucionaria (PIR) se encontraron con un dilema teleológico (y teológico) semejante. Aseguraba vivir en una sociedad feudal y atrasada, sin capitalistas ni capitalismo y sin proletariado redentor. Para construirlo proclamaron que habría una etapa intermedia, la "revolución democrática burguesa", en la cual cuajaría la industrialización en las ciudades y la mecanización agraria, momento desde el cual, como los huevos de la serpiente, se incubarían los obreros, sepultureros del capitalismo. Fue al MNR quien luego de la revuelta de 1952 intentó practicar ese industrialismo, sin que de ello naciera una nueva clase obrera, sino muchos burgueses enriquecidos con la prebenda, que quizá astutos comprendieron que era más prudente dilapidar las fortunas mal habidas o vivir como rentistas, que forjar las masas que debían exterminarlos.
Ni estalinistas piristas ni populistas emenerristas están hoy en el Palacio Quemado sino una masa abigarrada de indigenistas e izquierdistas postcapitalistas de clase media. ¿Cómo construirán ahora la mítica clase obrera si la política que pregonan con el "capitalismo andino amazónico" no es el desarrollismo ni el industrialismo de los años 50, sino todo lo contrario? ¿de dónde nacerán las falanges de obreros conscientes? ¿de las micro empresas de El Alto? ¿entre los cooperativistas mineros de Llallagua?
Los medios no concuerdan pues con los fines. Si el socialismo es la meta masista y tiene como antesala la gran industria, no vemos cómo limitando lo poco que hay de capitalismo en el país (privado y estatal), despojándolo de su capacidad de reproducción ampliada al extraerles sus excedentes (plusvalor) y potenciando con ellos los procesos de autoorganización económica, se multiplicaran los emporios fabriles y se acelerarán la disolución de las formas no capitalistas de producción. En rigor debiera ocurrir lo contrario.
El debate no es sin embargo semántico. Poco importa como calificamos o descalificamos a nombre de Marx el "capitalismo andino amazónico". Este purismo académico no nos llevará a nada. Lo que nos debe interesar es su sustancia, su manera de expresión político-económica, el modo, todavía no anunciado, en que alteraría, de implementarse, nuestras vidas. Se necesita para abrir el debate, que sus propugnadores precisen las leyes, las instituciones, las formas de acumulación, etc. que debieran acompañarlo. Si los rótulos sirven para ganar elecciones, ya no bastan para gobernar.
El autor es historiador.