¿Por qué no vamos a los fondos? Porque no me interesa debatir, ni discutir, ni cuestionar o comentar los trajes que doña Beatriz Canedo (respetable y apreciada señora) le hace al Presidente.
Lo que me interesa discutir, cuestionar o comentar es el proyecto de Gobierno.
No hay por qué escandalizarse: las expresiones, los modos y las formas populares no son invento de este Gobierno, ¡aunque muchos de sus integrantes crean que son sus inventores! Cierto, una buena parte de ellos no vivió la experiencia del 52, ¡aunque son resultado del 52! Eso fue revolución (¡y revolución en serio!), sabiendo exactamente lo que quería, definiendo sus metas, definiendo su base popular de activismo minero y ampliando su base social con la distribución de la tierra. La ganaron a bala y en tres días de quinientos muertos conquistaron el poder que se les había negado un año antes a pesar de las contundentes ánforas.
Y traigo a colación el principal hecho revolucionario de nuestra historia,porque en ciertos "círculos sociales" ha reaparecido ese tufillo rosqueril que se sentía bien (aire de complicidad oligárquica sin medios) hablando mal de los cholos y los indios que les habían quitado el país que era exclusivamente de ellos. Y los movimientistas blancos (autores del proyecto revolucionario), eran los traidores a su clase. Ni Paz Estenssoro,
Siles Suazo, Guevara, Lechín, Montenegro y los otros eran cholos ni eran indios,¡pero consagraron a la indiada y a la cholada como paradigmas nacionales! No se está inventando nada, ¡se está reproduciendo historia!
Y cuando me refiero al tufillo rosqueril, estoy hablando de la condena a las formas. "¿Has visto cómo habla?", "¿Has oído cómo pronuncia?", "¿Te has fijado cómo se viste?", "¿Te hubieras imaginado antes las cosas que hacen en el Palacio de Gobierno?". Primero, nadie debería escandalizarse, ¡después de todo lo que ha pasado en ese famoso Palacio de Gobierno! Segundo, es peligrosito volver a las poses de resistencia oligárquica que, en su momento, vestían camisitas blancas y transpiraban fascismo. Tercero, es máspeligrosito todavía, comenzar a definir las cosas con el parámetro de "nosotros y ellos". ¡Y conste que ese peligro es de todos los lados!
Pero eso son las formas. ¿Por qué no vamos a los fondos? Porque no me interesa debatir, ni discutir, ni cuestionar o comentar los trajes que doña Beatriz Canedo (respetable y apreciada señora) le hace al Presidente.
Lo que me interesa discutir, cuestionar o comentar es el proyecto de Gobierno.
Y mientras me sigan diciendo que todo depende de lo que diga la Constituyente, me están diciendo que en este momento no saben lo que van a hacer y que no hay nada que discutir o comentar, ¡salvo las formas! Y es un riesgo (¡serio!) que el Gobierno nacional se entrampe en las formas.
Porque cuando los gobiernos se entrampan en las formas, se condenan a descuidar los fondos. O dicho de otro modo: cuando se cuida tanto de las formas, se puede sospechar de la carencia de fondo. Porque (y el
Gobierno tiene que asumirlo), lo popular es magnífico argumento, ¡pero no es proyecto!
Y es que no basta la condena a lo anterior si no hay definición de lo posterior. Cargarse a todos los anteriores presidentes en juicios de responsabilidades ‹¡por angas o por mangas!‹ es un recurso, pero tampoco es un proyecto. Y sin meterme al fondo de la renuncia y a esa novedosa figura de "retiro de la renuncia" del señor Fiscal General, habrá que reconocer, por lo menos, que el tema da para la risa.
Detesto a los rosqueritos criticando las formas, pero detesto más la ausencia de Estado y de proyecto. Y si me exigen un poquito más, no detesto las formas, sino su utilización para disimular la ausencia de fondo.