Santa Cruz es un problema para el gubernamental MAS no sólo por la pugna con los poderes políticos y fácticos de esa capital, sino también por el aparente desborde de sus bases, que intentan copar puestos en la administración pública, así sea recurriendo a la fuerza para ello.
El presidente Evo Morales ha señalado en esa ciudad que quienes se han movilizado exigiendo su "cuota" en algunas instituciones públicas cruceñas son gente que se ha fugado de partidos "de derecha"; por su parte, el vicepresidente Álvaro García Linera ha pedido a los dirigentes de las bases masistas contener los apetitos de los militantes.
Este comportamiento masista en Santa Cruz ha provocado, además, un nuevo roce con la Prefectura de ese departamento, pues ésta, con razón, reclama la potestad de nombrar autoridades en las instancias desconcentradas que están a su cargo a través de procesos públicos de institucionalización y no por nombramiento desde el Gobierno nacional.
Habrá, pues, una pésima señal si el Gobierno accede a los muchos pedidos de militantes que buscan beneficiarse del acceso al poder: se estará demostrando que el clientelismo y el prebendalismo, tan asociados a los partidos "tradicionales", no son, definitivamente, patrimonio de éstos.