Bruselas | Ap.- El primer ministro británico Tony Blair emergió de la fracasada cumbre de la Unión Europea con una actitud desafiante y orgulloso de no haber cedido ni renunciado a los reembolsos que recibe su país, cuya merma condicionó a una reforma de los gastos del bloque, especialmente las subvenciones agrícolas.
La defensa de Blair a los reembolsos contribuyó, junto con la negativa de Francia y España a renunciar gradualmente a las subvenciones agrícolas, al colapso del encuentro cimero.
Lo que comenzó como una disputa por el dinero se convirtió en un enfrentamiento por las profundas diferencias en las visiones sobre el futuro de la UE, alentadas por la creciente tensión entre Blair y el presidente francés Jacques Chirac.
El presidente francés responsabilizó por el fracaso de la cumbre al "egoísmo" británico y el canciller alemán Gerhard Schroeder culpó a la "tozudez" de Blair por lo que describió como "una de las peores crisis políticas que Europa haya visto" en la historia.
Una oportunidad
Blair, visiblemente enojado en una conferencia de prensa, dijo que era la oportunidad de que Europa cambiara para bien.
Se defendió diciendo que el reintegro que recibe Gran Bretaña no es por egoísmo sino para equilibrar los subsidios agrícolas que benefician más a Francia y a otros países del continente, especialmente los mediterráneos. Ese reintegro fue obtenido en la década de 1080 por la primera ministra conservadora Margaret Thatcher.
Manifestó, empero, que dejaría de recibir el dinero, unos 4.600 millones de euros (5.500 millones de dólares) anuales, si el bloque reduce las subvenciones agrícolas.
Describió los argumentos de Chirac de que la agricultura es el futuro de Europa como "extraños", al manifestar que era mucho más importante invertir en ciencia, tecnología y educación. Aunque las
subvenciones agrícolas reciben el 40 por ciento de los gastos presupuestarios de la UE, producen solamente el 2 por ciento del producto interno bruto del bloque.
Además, Blair dijo que el rechazo de los votantes franceses y holandeses a la constitución europea mostró que la población quiere algo nuevo de sus líderes.
"Nuestros ciudadanos han patentizado claramente sus preocupaciones. Los acabamos de escuchar y debemos comenzar a elaborar una agenda para Europa que verdaderamente corresponda a sus deseos", sostuvo.
"La Unión Europea como idea tiene sentido en el mundo actual, pero tiene que tener constantemente la capacidad y la energía de renovarse", indicó. "Tiene que renovarse o de lo contrario se encontrará cada vez con más dificultades".
Crisis reactiva rivalidades de Gran Bretaña y Francia
El analista de Ap, Thomas Wagner, afirma que la crisis de laUnión Europea reactiva las rivalidades entre Gran Bretaña y Francia, destacando que al tiempo que se desvanecían las últimas esperanzas de que pudiera lograrse un acuerdo para el presupuesto europeo en una cumbre de la UE celebrada esta semana en Bruselas, se cumplía también un aniversario más de la batalla de Waterloo, en la que Gran Bretaña frustró las ambiciones de Francia de crear un superestado europeo.
La lucha entre los actuales gobernantes de París y Londres en torno a la dirección que debe seguir Europa no se libró esta vez con cañones y mosquetes, pero ha dejado a muchos europeos preguntándose ansiosamente qué ocurrirá con las gestiones de unificación continental, iniciadas hace medio siglo, dice Wagner. Para muchos, toda esperanza de crear una superpotencia europea en tiempos de paz y no por medio de la guerra parece ahora descartada, agrega.
"Entrábamos a una unión que se suponía fuese efectiva y solidaria, y que ha demostrado ser en cambio inefectiva y plagada por conflictos perpetuos. Esto no es lo que los nuevos miembros (de la UE) habíamos esperado", dijo Jolanta Wojcik, un contador polaco de 48 años. Polonia es uno de los nuevos miembros de la UE.