La historia de Bolivia está indisolublemente ligada al cristianismo católico como sistema religioso (doctrina, estructura organizativa, prácticas religiosas masivas, rituales en las esferas pública y privada, y signos externos). Desde lo más claro de la vida -como el nacimiento de un niño- hasta la muerte están hoy vinculadas al catolicismo. Y según la región y su cultura ancestral, esa vinculación tendrá sus propios perfiles de interculturalidad. Así, bautismos, te deums, matrimonios, ch"allas (*), nombramientos de autoridades, k"hoas (*), fiestas patronales, etc., son parte del sistema religioso y cultural masivo en Bolivia.
Antes de la República, las misiones jesuitas y franciscanas en el oriente cuasi garantizaron la heredad de esos territorios para la entidad que nacería en 1825. En el occidente, la evangelización -con dificultades y críticas- favoreció la unidad intersubjetiva de amplios sectores indígenas, mestizos, blancos y negros. En la República, ese sistema contribuyó a la formación de la "identidad nacional", aportando a lo que desde 1952 se llama "cultura nacional".
Desde su inicio y con fuerza en el siglo XX, la construcción de Bolivia como una "nación", con personalidad propia, recibió el aporte del cristianismo católico.
En la democratización política, fueron frecuentes sus acciones de mediación "moral": Ejemplos: abril de 1952, acuerdo entre revolucionarios y Ejército para el fin del enfrentamiento. En el periodo militar, facilitación en el Arzobispado del encuentro entre Ovando y Miranda, militares que disputaban la Presidencia. Los polarizados años 70 afectaron a la Iglesia (apoyo a la guerrilla, apoyo a las dictaduras), para posteriormente restablecerse su importante rol mediador y articulador de visiones de concertación, democracia y respeto a los derechos humanos. En 2005, en el riesgoso junio de la transición política, la voz de los obispos contribuyó a serenar los ánimos.
En la democratización social, el compromiso de la Iglesia con la justicia, la libertad y la solidaridad la llevó a emprender un conjunto de obras sociales de lucha contra la pobreza y la exclusión, la salud, el desarrollo rural, la participación social, la democracia intercultural y, sobre todo, la educación. Aquí, sus aportes a la interculturalidad a través de la llamada "inculturación de la fe" fueron muy relevantes y entre sus frutos está la ausencia de confrontación con los restos de los sistemas religiosos indígenas existentes en el altiplano, los valles y las tierras bajas. Por ello, los grandes desplazamientos demográficos, la ocupación del territorio, la intersubjetividad nacional lograda por los medios de comunicación y la elevación del nivel educativo de enormes masas indígenas y populares tuvieron en sus entrañas el influjo del catolicismo.
Cierto indigenismo radical y cierto marxismo, corrientes de racionalización del pensamiento y la cultura, están marcando hoy sus diferencias con el cristianismo como sistema religioso y con la Iglesia Católica como cuerpo. ¿Buscan estructurar un Estado laico a ultranza? Algunos sostienen que el catolicismo es parte de la herencia "colonial". Al amparo de sus facilismos interpretativos, se cerrarán a comprender el indetenible paso de la historia, los mestizajes e interculturalidades -nada fáciles- del sincretismo religioso y humano que la población indígena-campesina y urbana hizo y que halla hoy manifestaciones tan contundentes como la Alasita, la Fiesta del Gran Poder, las entradas religioso-folklóricas y procesiones en los nueve departamentos.
Un Estado laico a ultranza tendría varias implicaciones. Una de ellas, que la interculturalidad religiosa lograda en varios siglos tendería a desestructurarse para caminar hacia la pluri-culturalidad religiosa. De este proceso podrían resultar religiosidades separadas. Esto se orientaría hacia la pluralidad de actores religiosos asentada en la insistencia de las diferencias culturales y no el apoyo de la interculturalidad.
La intención de avanzar hacia un Estado laico parece democrática a primera vista; sus efectos religioso-culturales y sociopolíticos pudieran no serlo en el proceso de construcción nacional en tiempos de polarización política e ideológica a ratos excluyente que vivimos hoy. El tema merece una responsable reflexión.
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