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El Papa y la pederastia
| | Difícil es saber si esta retórica restañará las heridas infligidas por los curas norteamericanos en una práctica que suele darse igualmente en muchos otros escenarios del planeta, peor si no se ataca su origen ni endurecen las sanciones.
No cabe duda que el escándalo de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes en los Estados Unidos es el tema más incómodo para el Papa Benedicto XVI durante su visita a la nación del norte, al punto que se ha visto en la necesidad de referirse a él de forma recurrente, aunque sin plantear una probable solución de fondo al problema, que quizá tenga que ver con la supresión del celibato en la Iglesia Católica, sino limitándose a instar al clero norteamericano a comenzar un tiempo de purificación y a la feligresía a reconciliarse con la institución..
Más allá de la presencia del Pontífice en tierra estadounidense, algún medio de prensa informó, basándose al parecer en anuncios de una alta fuente religiosa, que el Vaticano se aprestaría a modificar la legislación canónica relativa al fenómeno en cuestión, versión que sin embargo no tardó en ser desmentida, de donde se puede inferir que la normativa de Juan Pablo II al respecto, seguirá aplicándose sin variación.
Como es de conocimiento general, las denuncias de faltas sexuales por clérigos norteamericanos datan de cuando menos seis años atrás y no sólo impresionaron a la opinión pública de los Estados Unidos, sino a la del resto del mundo por su gravedad, aparte de haber generado procesos judiciales en uno y otro estado de esa nación, que acabaron costando sumas millonarias de dólares a distintas diócesis por concepto de indemnización a las víctimas.
De ahí es que el Papa Benedicto XVI ha tenido que hablar de él en sus alocuciones ante varios auditorios norteamericanos, además de haberse reunido con hombres y mujeres que siendo todavía niños, sufrieron vejámenes sexuales de clérigos católicos.
En este sentido, el vicario empleó parte de la misa que ofició ayer en la catedral de San Patricio, en Nueva York, para señalar ante cerca de tres mil personas, la mayoría de ellas religiosos, que con ocasión de su permanencia en los Estados Unidos había tratado del daño que causaron a los fieles dichos casos de pederastia , y especificó que quería expresar a los sacerdotes y religiosos su cercanía espiritual y ánimo para afrontar los continuos desafíos surgidos por esa situación, pidiendo al clero estadounidense que ahora llegue un tiempo de purificación para cada uno y para cada iglesia y comunidad religiosa, así como un período de sanación, animándoles a que colaboren con los obispos que, dijo, siguen trabajando eficazmente para resolver este abominable asunto.
Pero, a pesar de la insistencia del Pontífice, el portavoz del Vaticano descartó que la pederastia esté siendo el tema central del viaje de Benedicto XVI a Estados Unidos, aunque añadió que se incluía en el mensaje de esperanza que el Papa quiso llevar a ese país, explicando además que con ello quería animar a la Iglesia a encontrar el camino para continuar su labor y a los fieles a reconciliarse con ella.
Difícil es saber si esta retórica restañará las heridas infligidas por los curas norteamericanos en una práctica que suele darse igualmente en muchos otros escenarios del planeta, peor si no se ataca su origen ni endurecen las sanciones a través de una normativa adecuada.
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