Managua | Efe.- El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, encontró tropiezos en su primera misión en Nicaragua, donde no logró sentar en la mesa del diálogo al Ejecutivo y la oposición con el fin de buscar una salida a la crisis del país. Insulza, ex ministro del Interior de Chile, anunció ayer que se va de Nicaragua sin haber logrado reactivar el diálogo nacional, lo que le causa "preocupación" por la posibilidad de una crisis de poderes.
"La situación en Nicaragua de ninguna manera ha llegado a ese nivel de crisis institucional aún, pero podría llegar allá si no nos sentamos a conversar", dijo Insulza en una rueda de prensa realizada en un hotel de Managua al término de su misión en el país.
La tensión política de Nicaragua responde a roces entre el Ejecutivo y Legislativo luego de que, hace ocho meses, el Parlamento, dominado por liberales y sandinistas, aprobase reformas constitucionales que recortaron los poderes del presidente Enrique Bolaños.
La situación se agravó cuando la Contraloría pidió, por segunda vez en menos de un año, al Parlamento la destitución de Bolaños por desacato a la Constitución.
La Contraloría reclamó la destitución después de que Bolaños no dejase que los auditores revisaran las cuentas de las entidades de servicios públicos (agua, energía y telecomunicaciones) que el Gobierno se niega a entregar a las nuevas autoridades nombradas por el Parlamento.
Según Insulza, si se mantiene la negativa al diálogo "desde el punto de vista de Nicaragua y de la región sería muy grave: ciertamente puede desembocar en una crisis entre los poderes".
Insulza abandonó ayer Nicaragua y mañana martes presentará un informe de su misión al Consejo Permanente de la OEA en Washington, pero no descartó regresar "en los próximos días" a Managua para retomar sus labores de mediador.
"Yo quiero dejar una preocupación" pues "hay motivos genuinos de preocupación", dijo Insulza, quien llegó a Managua el miércoles por la noche, al mando de una misión de la OEA que trató, sin éxito, de solucionar la situación política del país.
"Nada es viable si uno no se sienta a conversar con la otra parte, a menos que se quiera imponer una idea, y si se la quiere imponer tendría una crisis que yo creo que no es buena para Nicaragua", señaló.
El secretario general de la OEA dijo que en Nicaragua "la voluntad está pero falta la actitud de diálogo".
"Hemos avanzado y espero que pronto se pueda constituir la mesa de diálogo pero mi preocupación es que no ocurran en los próximos días nuevos hechos que hagan retroceder lo avanzado", aseguró.