Es factible manifestar que la República vive un clima propicio para salir de la encrucijada en que se hallaba hasta hace pocas jornadas atrás.
El diálogo sostenido por el Presidente de la República y las entidades representativas del departamento de Santa Cruz, el pasado sábado, no sólo ha restablecido las relaciones entre esa región y el gobierno, inexplicablemente malogradas por la anterior administración, sino que abrió la perspectiva de una conjunción de las agendas de oriente y occidente del país, máxime si la Iglesia Católica continuará en la misión de pacificación y búsqueda de soluciones a la problemática nacional que emprendió como corolario de los recientes sucesos en las ciudades de La Paz y El Alto, principalmente.
Esa es la deducción a la que puede llegarse después de que el mandatario se reuniera con el cardenal Julio Terrazas y los directivos tanto del empresariado cruceño como del Comité Cívico de la capital oriental, escenarios de los que emergió en claro la necesidad de que las elecciones a que el mandatario debe convocar, lo sean de carácter general, si bien no hubo acuerdo respecto de la realización del referéndum sobre autonomías regionales fijada para el 12 de agosto próximo, ni tampoco de la elección de prefectos que cuenta con el respaldo de un decreto supremo del régimen sustituido por sucesión constitucional.
Lo trascendente, en todo caso, fue la reapertura del debate sobre al menos una base sólida que permita encarar el futuro, en la misma línea que llevó a Eduardo Rodríguez a encontrarse con los dirigentes alteños en su primera actividad oficial.
Por su lado, la asamblea de los movimientos sociales y vecinales en Cochabamba, partidarios igualmente de la figura de elecciones generales, tuvo la virtud de derivar sus demandas a consideración del Congreso, desechando nuevas medidas de presión como las que conmovieron a la nación por espacio de medio mes, sin que empero esa determinación signifique una tregua, sino quizá un retorno a la racionalidad que habrá de contribuir a la discusión civilizada que, por lo que se ve, es la asignatura asumida por la nueva gestión transitoria.
A estas alturas, el tipo de comicios que quiere la mayoría ciudadana es inequívoco y tendrá que pesar en la mente de los integrantes del parlamento al momento del reinicio de sus labores el martes 28 del corriente, como tema fundamental que podría posponer los otros en agenda para el siguiente gobierno, que bajo todo punto de vista es lo más atinado.
Un hecho auspicioso en tal dirección resulta, asimismo, la participación del titular del Congreso en los contactos que hizo el Presidente en Santa Cruz y, más todavía, su reconocimiento de que el clamor del conjunto de la población boliviana se refiere hasta hoy a las elecciones generales, concepto que sin duda hará primar cuando le toque conducir las sesiones extraordinarias de las cámaras legislativas.
En resumen, es factible manifestar que la República vive un clima propicio para salir de la encrucijada en que se hallaba hasta hace pocas jornadas atrás.