La respuesta al secuestro de un soldado, no le da derecho a Israel a desatar una criminal y descomunal ofensiva militar, no existiendo entre el supuesto factor detonante y la respuesta ninguna proporción, al extremo de llevar a civiles indefensos a muy graves crisis humanitarias, privándoles del socorro que reclaman mujeres, niños y ancianos
Atendiendo al historiador y profesor emérito de la Universidad de Boston Howard Zinn en el artículo "Qué hacemos en Irak" que publica Le Monde Diplomatique hace casi un año, en el que crudamente resume la ocupación despiadada de ese país, al repasar hechos protagonizados por "aquellos circunstanciales aliados" y la imposición de sus reglas de conducta, sin que importen para nada los derechos de nadie, siguiendo ese ejemplo y con un desvergonzado apoyo de la primera potencia del mundo, Israel se ha dado a la tarea de un genocidio desde hace mucho tiempo, contra el pueblo palestino y ahora contra el pueblo libanés, destruyendo infraestructuras básicas, por encima de la censura del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, organismo lamentablemente desconocido por el gobierno norteamericano, sin que le impresionen ni conmuevan atroces verdades de los delitos de lesa humanidad que se han cometido y se están llevando a cabo, con la mayor impunidad que conoce la historia, en todos los tiempos. No importa siquiera la opinión de la Comunidad Europea, ni la de Rusia ni la de China, en circunstancias muy críticas en las relaciones internacionales. Si no se respeta nada, ni siquiera las libertades del pueblo norteamericano, qué se puede esperar "de una arrogancia imperial que ha llevado a uno de los errores estratégicos más graves de la historia…" (en el caso Irak), tal cual expresa Raúl J. Maldonado, citando la obra "Debate" de Ignacio Ramonet, Presidente del Directorio de Le Monde (Francia), emulando similar conducta sus aliados incondicionales en el Medio Oriente, con el grave peligro de una conflagración regional y mundial, que haría muy felices a muchos de nuestros "celestinos e improvisados politólogos", que se dedican a socavar los cimientos de una democracia que dicen hipócritamente defender, desconociendo los límites que impone la razón y los supremos intereses nacionales. En la época del señor Askargorta, nuestra selección nacional de fútbol logró insertarse en el mundial de ese deporte, gracias a que éste ma nífico entrenador español nos hizo comprender que no éramos más que nadie ni menos que nadie. Comparativamente, en el mundo en el que vivimos sólo valen para el gobierno de Bush los norteamericanos y para el gobierno sustituto de Sharon los israelitas. Sin embargo, no creemos que los pueblos de ambos Estados piensen ni sientan lo mismo que sus omnipotentes gobernantes, apoyados en la fuerza bruta de las armas y del siempre despreciable negocio de la guerra. La respuesta al secuestro de un soldado, no le da derecho a Israel a desatar una criminal y descomunal ofensiva militar, no existiendo entre el supuesto factor detonante y la respuesta ninguna proporción, al extremo de llevar a civiles indefensos a muy graves crisis humanitarias, privándoles del socorro que reclaman mujeres, niños y ancianos. Volviendo a Le Monde Diplomatique de agosto del 2005, es elocuente el título y texto de su portada: "El choque de dos terrorismos", destacando que los aliados Estados Unidos y Gran Bretaña no pueden seguir ignorando sus propios actos de terrorismo y la responsabilidad histórica del capitalismo occidental en el mundo árabe, persa y en los países subdesarrollados. El apoyo a dictadores y terroristas y la industria del miedo". Sin ninguna duda, debemos calificar el ejercicio feroz que la potencialidad bélica israelí practica, no sólo como un delito premeditado de genocidio, término que Israel no puede ignorar, creado en 1944 para calificar la escalofriante empresa de exterminio de judíos y gitanos llevada a cabo durante la Segunda Guerra Mundial, empleado más tarde para calificar actos similares, anteriores y posteriores, convirtiéndose hoy para nosotros en un claro terrorismo de Estado, y lo que es peor, en la mayor impunidad.